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Teatro

Por: WikiMéxico

Fecha: 04/10/2012

Actriz del siglo XIX Actriz del siglo XIX

 

Al comenzar el siglo XIX, el teatro era una de las diversiones públicas más socorridas por la sociedad novohispana. Año con año, el Coliseo Nuevo –inaugurado en 1753- presentaba sus temporadas a las cuales asistía la gente para presenciar distintos dramas y comedias. A pesar de la influencia y las tendencias que venían de España, desde finales del siglo XVIII en la actividad teatral se reflejaban los usos y costumbres de la sociedad novohispana. Así surgieron formas de teatro breve, sainetes, entremeses y coloquios. 

     La administración del teatro, su organización, los ensayos, el comportamiento de los actores y actrices y del público en general, era por sí mismo una representación de la vida cotidiana. Los virreyes estaban muy atentos a la vida teatral y eran informados de su acontecer. Hacia 1763, el virrey don Bernardo de Gálvez promulgó el primer reglamento de teatro de la historia mexicana. Las autoridades ejercían toda clase de censura y vigilaban qué obras podían montarse. De acuerdo con el reglamento del virrey: 

     “Comedias, sainetes, tonadillas, bailes y otras de ejecutarse en el Teatro, deberán ser reconocidas y examinadas sin limitación, aunque antes se hayan representado al público sin éste o con éste requisito, ó aunque estén impresas con las licencias necesarias; y si al tiempo de la ejecución, no obstante de estar aprobadas nuevamente, se advirtiesen algunos de aquellos reparos que no se ofrecen al leer dichas piezas, y si al verlas representar, se recogerán las que sean, prohibiéndose desde ahora su repetición con el defecto que se le note.” 

     Los títulos de las obras no contribuían mucho a calmar las ansias moralizadoras de las autoridades civiles y religiosas: El diablo predicador, El negro valiente en Flandes, La gitana de Menfis, Hados y lados, El falso nuncio de Portugal y El mágico de Salerno. 

     En la primera década del siglo XIX, El Diario de México de Carlos María de Bustamante organizaba concursos para impulsar la creación de obras de teatro de factura mexicana y se entregaban premios en efectivo. Pero el teatro no podía mantenerse ajeno a la situación de España, en 1808, tras la invasión napoleónica a la península ibérica, se presentaron varias obras en la capital novohispana para hacer mofa de los franceses. En una de ellas, se vistió a un mono de general francés para regocijo de los asistentes. 

     El Coliseo Nuevo abría sus puertas todos los días de la semana con excepción del sábado. Las funciones terminaban entre 10 y 11 de la noche. Al interior del teatro el ambiente no podía estar más viciado. Las lámparas de aceite provocaban una capa de humo, casi una bruma, permanente. Aromas desagradables se mezclaban –comida, el olor de la gente, tabaco quemado-. Hombres y mujeres fumaban en el interior aunque estaba prohibido que arrojaran al patio las colillas o los cabos de cigarro desde los palcos y la galería alta porque continuamente se quemaban los vestidos y capas de la gente que ocupaba los lugares de abajo. También se prohibió escupir al patio, o arrojar las cáscaras de la fruta consumida durante las representaciones, este comportamiento provocaba riñas continuas. 

     Si el contenido de las representaciones teatrales, la letra de los bailes o las propias diversiones públicas reflejaban la vida cotidiana, el sentir, los sueños y frustraciones de la sociedad novohispana, sucesos como la invasión napoleónica a España de 1808 o el inicio de la guerra de independencia en 1810 no podían quedar al margen. 

     Luego de conocerse la noticia del inicio de la guerra de independencia, el teatro se convirtió en un bastión de resistencia a favor de la causa del rey. Cada una de las victorias alcanzadas por las fuerzas realistas sobre los insurgentes eran celebradas en el Coliseo; la promulgación de la Constitución de Cádiz en 1812, también tuvo una función especial. 

     En 1813 se realizó una representación a beneficio de la tonadillera “Inesita”, una de las actrices más hermosas de su época y quien era señalada como la amante del virrey Calleja, el militar que entre 1810 y 1812 había encabezado la persecución contra los insurgentes y presidió personalmente la función. En 1817, el Coliseo se vistió de gala y ofreció una gran función para celebrar la aprehensión y fusilamiento del insurgente español Xavier Mina.

Fuente: -Enrique de Olavarría y Ferrari, Reseña Histórica del teatro en México (1538-1911), México, editorial Porrúa, 1961.

 

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