Periodos de la Historia /

La época de la anarquía / Hechos

Margarito Zuazo, el verdadero Juan Escutia

Por: WikiMéxico

Fecha: 04/10/2012

Batalla de Molino del Rey, 8 de septiembre de 1847. Batalla de Molino del Rey, 8 de septiembre de 1847.

“Murió por la Patria”

La mítica escena no deja de ser conmovedora: 13 de septiembre de 1847, Juan Escutia, cadete del Colegio Militar y “niño héroe” a los veinte años de edad, toma la enseña tricolor y decide arrojarse desde lo alto del Castillo de Chapultepec antes que verla mancillada por los invasores estadounidenses.

Fue por mucho tiempo, la leyenda romántica más socorrida de la historia oficial. La que nos gustaba escuchar cuando éramos niños. in embargo, la heroica hazaña del pabellón nacional no sucedió en el Castillo sino días antes, el 8 de septiembre, en la sangrienta batalla de Molino del Rey y otro fue su protagonista. Miembro del batallón Mina, el capitán Margarito Zuazo fue de los últimos oficiales en sucumbir ante el furioso embate del enemigo. Sus jefes, el general Antonio de León y el coronel Lucas Balderas habían caído luego de batirse como fieras. El capitán Zuazo correría la misma suerte. “Era un mocetón arrucado y listo –escribió Guillermo Prieto-; a la hora de los pujidos, él estaba en primera; él era muy hombre; le hirieron de muerte, y a chorros le corría la sangre... viéndose perdido, coge la bandera del batallón Mina matando a los que se echaban sobre ella... la dobla y la acurruca en su seno...”. Con el pabellón en su poder, continuó luchando y tras sortear las balas de fusilería, la metralla de los cañones y las afiladas bayonetas, logró llegar al edificio principal de Molino del Rey. “Allí se quitó la chaqueta y la camisa –continúa Prieto- y se enredó contra su cuerpo la bandera”. La amenazante cercanía de los norteamericanos no lo amedrentó; cuando la batalla tocó la última llamada, el capitán regresó al combate. Las bayonetas invasoras no tuvieron misericordia de su cuerpo, atravesado una y otra vez, Zuazo logró retirarse moribundo, buscando salvaguardar la bandera que, bajo su uniforme manchado de guerra y sangre, encontraba el calor de la patria en el cuerpo de uno de sus hijos que por ella, entregaba la vida. Hasta la muerte debió reconocer su valor. Del “héroe desconocido”, el Castillo de Chapultepec guarda la preciada reliquia. Los verdaderos héroes no se encuentran en la historia oficial.

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