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La revolución / Hechos

Constitución de 1917

Por: Alejandro Rosas

Venustiano Carranza Presidente Venustiano Carranza Presidente

En los últimos meses de 1916, la mente de Venustiano Carranza estaba puesta en la gran reforma del estado. 

La convocatoria al Congreso Constituyente reunió a todos los legisladores para discutir una nueva constitución. Carranza designó a Querétaro capital de la república mientras se realizaban las sesiones del constituyente:“Al partir de Veracruz tenía yo fija la mirada en Querétaro. Ha sido un motivo de satisfacción para mí haber venido a fijar aquí la residencia accidental del Gobierno, para continuar la obra que hemos emprendido; y al haberme fijado en Querétaro, es porque en esta ciudad histórica, en donde casi se iniciara la Independencia, fue más tarde donde viniera a albergarse el Gobierno de la República para llevar a efecto los Tratados, que si nos quitaban una parte del territorio, salvarían cuando menos la dignidad de la Nación; y fue también donde cuatro lustros después se desarrollaran los últimos acontecimientos de un efímero imperio al decidirse la suerte de la República triunfante después de una larga lucha. Aquí señores, se expedirán probablemente las últimas leyes, se darán los últimos decretos y tal vez hasta la última Constitución que México necesita para que pueda encauzarse, para que pueda mantener su independencia”. 

Constitución de 1917 

La Constitución de 1917 recogió las demandas sociales, políticas y económicas que habían dado sustento ideológico a la lucha armada. Innegablemente, los artículos sobre la educación (3°), el derecho a la tierra y la reivindicación del suelo y del subsuelo como propiedad originaria de la nación (27), la cuestión obrera (123) y la relación iglesia-estado (130), mostraban una legislación nacionalista, moderna y vanguardista en cuestión social. Los mexicanos atestiguaron así, el nacimiento del estado revolucionario. 

Sin embargo, en su discusión, la carta magna fue completamente excluyente. Los constituyentes de 1917 defendieron y debatieron con libertad posiciones que transitaban del más férreo radicalismo hasta cierto grado de conservadurismo -el propio don Venus guardó una posición moderada frente a las grandes reformas sociales, su pasado porfiriano lo exigía. Pero cualquiera que fuese la posición política, entre los hombres que asistieron a Querétaro había un punto fundamental de comunión: todos eran leales a Carranza. Sus enemigos habían quedado excluidos. Y todos aquellos que a lo largo de la lucha habían criticado sus ideas, fueron llamados “reaccionarios” por oponerse al avance firme y victorioso de la revolución. 

A sus ojos, los reaccionarios no eran solamente “las clases elevadas de toda la República y los próceres del Capital”, ya en 1917 también lo eran todos los revolucionarios derrotados: villistas, convencionistas, magonistas y hasta los viejos maderistas que nunca lo apoyaron. De la lucha zapatista no tenía mejor opinión, ni siquiera merecían el epíteto: “el zapatismo no es reacción ni es nada” solía comentar. Carranza quiso sepultar para siempre la historia de sus enemigos y les negó una curul en el Constituyente. 

Por instrucciones del Primer Jefe, los constituyentes no se permitieron escuchar las voces de los derrotados, entre quienes se encontraban algunos de los primeros opositores a la dictadura porfirista, miembros del antiguo régimen cuya visión no era desdeñable, viejos maderistas o intelectuales que se habían unido al villismo y al zapatismo. La Constitución se discutió y juró en el viejo teatro Iturbide, hoy de la República.

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