Periodos de la Historia /

El siglo de la conquista / Vida Cotidiana

Los restos de Hernán Cortés

Por: Natalia Arroyo Tafolla

Los restos de Cortés descansan en el templo del Hospital de Jesús en la Cd. de México Los restos de Cortés descansan en el templo del Hospital de Jesús en la Cd. de México

Hernán Cortés fue un viajero infatigable. Al morir, sus restos rindieron tributo a lo que fue en vida y siguieron viajando a pesar de sus verdaderos deseos; un peregrinaje de cuatrocientos años, en nueve sitios distintos. Curiosamente, Cortés hizo nueve expediciones a lo largo de su vida.

Nuestro aventurero murió el 2 de diciembre de 1547, en Castilleja de la Cuesta, Sevilla; su voluntad era que se construyera un monasterio en Coyoacán y ser enterrado en la Nueva España, esto en un lapso de diez años a partir de su defunción. Pero no fue así y su primer entierro fue en el monasterio de San Isidoro, en la cripta del duque de Medina Sidonia. Su constante peregrinar comenzó en 1550, cuando cambiaron de lugar sus restos: en el mismo monasterio pero debajo de un arco del altar a Santa Catarina.

Su hijo, Martín Cortés otorgó los poderes para mandarlo a la Nueva España en 1566. Una caja de cedro y plomo contenía la urna de cristal con sus huesos y fueron trasladados a la iglesia de San Francisco de Tezcoco donde permaneció 60 años.

Cuando don Pedro Cortés -nieto y último descendiente directo de Hernán Cortés- murió en 1629, el virrey de la Nueva España quiso que ambos familiares yacieran en el mismo lugar y fueron llevados a la capilla mayor del convento de San Francisco. Se pintó un gran retrato del conquistador y una inscripción que rezaba: Fernandi Cortes ossa servantur hic famosa [“Aquí se conservan los huesos famosos de Fernando Cortés”]. Permaneció en este lugar hasta 1716, pues sus restos fueron cambiados a la parte posterior del retablo mayor, en la misma capilla.

Su última voluntad se cumplió medianamente el 2 de julio de 1794, cuando fue llevado a la iglesia de Jesús Nazareno -anexa al hospital del mismo nombre- construida por el mismo Cortés. El director de escultura de la Academia de San Carlos, Manuel Tolsá, esculpió un busto de bronce para honrarlo, aunque dicho busto sólo permaneció en México poco más de dos décadas.

Dos años después de la consumación de la independencia de México -en 1823- existía un fuerte sentimiento antiespañol, por ello, el gobierno propuso que el 16 de septiembre del mismo año, se exhumaran los restos de Cortés y fueran llevados al quemadero de San Lázaro. Al enterarse de la situación, Lucas Alamán intervino y una noche antes ocultó la urna en el piso, bajo la tarima del altar mayor. El busto de bronce fue enviado a Palermo y con esto se corrió el rumor de que los restos ya no estaban en México.

Alamán no consideraba correcto que siguiera en ese sepulcro improvisado y en 1836 exhumó los huesos -los cuales se encontraban muy deteriorados a causa de la humedad del suelo-, cambió las sábanas por unas de terciopelo con las iniciales de Cortés grabadas y reemplazó la urna por una nueva, ya que todos estos objetos seguían siendo los mismos desde el segundo entierro. Después de las renovaciones, trasladó la nueva urna a un nicho del lado del Evangelio y permaneció secreto durante 110 años. En 1843, Alamán entregó a España el “Documento del año de 1836” en el cual revelaba el secreto del lugar del entierro y las señas particulares del estado de los huesos, de la urna y de la caja.

El documento fue encontrado en 1946 por el español exiliado Fernando Baeza y el historiador cubano Manuel Moreno Franginals, mismos que informaron del hallazgo a los mexicanos Francisco de la Maza y Alberto María Carreño. Después de conseguir los permisos correspondientes, iniciaron la excavación el 24 de noviembre a las ocho y media de la mañana.

El suspenso continuó durante la mañana y dos horas después ya comenzaba a asomarse la caja; a las seis en punto de la tarde, por fin tuvieron en sus manos los ya agotados restos de Hernán Cortés. Alfonso Alamán -bisnieto de don Lucas- había heredado la llave de la caja, aunque no funcionó y tuvieron que forzar la chapa.

No fue sino hasta el jueves 28 cuando se abrió la urna y se confiaron los huesos al Instituto Nacional de Antropología e Historia; después de meses de  hacer los estudios correspondientes, se acordó inhumar los restos en el mismo lugar dónde se encontraron.

Hoy reposa Hernán Cortés en la Iglesia de Jesús -pobre y poco visitada- desde el 9 de julio de 1947. Únicamente lo acompaña una placa con la inscripción: “Hernán Cortés 1485 – 1547”. En México no existen estatuas o monumentos que honren su memoria, pero tenemos todo un legado, una cultura y una serie de tradiciones que nos hace ser mexicanos; nuestra cultura es el mejor monumento que le hemos podido levantar.

Comparte y Comenta:

Comparte
 

Te puede interesar: