Periodos de la Historia /

El siglo de la conquista / Vida Cotidiana

La virgen de los Remedios

Por: Alejandro Rosas

Fecha: 04/10/2012

La virgen de los Remedios era la patrona de los conquistadores La virgen de los Remedios era la patrona de los conquistadores

Según cuenta la tradición, Juan Rodríguez de Villafuerte, uno de los hombres de Hernán Cortés, trajo a territorio americano una imagen de la virgen de los Remedios "para su consuelo". Era un regalo de su hermano que al entregársela le había dicho "que tuviera en ella mucha confianza, porque a él le había librado de grandes peligros en las batallas en que se había hallado y esperaba que le sucediera lo mismo en el Nuevo Mundo".

 

Al llegar a la capital del imperio azteca, Cortés ordenó a Villafuerte que colocara la imagen de la virgen de los Remedios, en un altar del templo mayor donde solían efectuarse los sacrificios humanos. Ahí fue expuesta por algunas semanas hasta que estalló la guerra y no se supo nada más de la pequeña imagen labrada en madera.

 

Durante la derrota de "la Noche Triste" el 30 de junio de 1520, Cortés tuvo que retirarse precipitadamente de México-Tenochtitlan. La escena, según cuentan los cronistas, fue espantosa: mientras intentaban huir por la calzada de Tlacopan (Tacuba), muchos de los españoles habían caído prisioneros y podía divisarse cómo eran sacrificados por los aztecas.

 

Exhausto y desmoralizado, el conquistador y sus hombres llegaron a un pequeño monte delante del pueblo de Tlacopan y decidieron pernoctar en ese lugar. La virgen se apareció acompañada, según se refiere, por Santiago -patrón de las Españas- y los abatidos conquistadores encontraron un remanso de paz, confiando en que la madre de Dios los conduciría a la victoria definitiva. Un año después, caía México-Tenochtitlan.

 

Hacia 1540, un indio cacique de nombre Juan de Águila, caminaba por los parajes cercanos al pueblo de Tacuba y vio a la Señora en el cielo "que con voz sensible le decía: Hijo búscame en ese pueblo". Poco tiempo después, debajo de un maguey, don Juan de Águila encontró la vieja estatuilla de madera, que desde 1520 había desaparecido. Hacia 1575 su templo estaba concluido y su imagen era venerada.

 

La gente recurría a la virgen de los Remedios "en las faltas de lluvias a su tiempo, en las epidemias de tabardillos, sarampiones y otras semejantes". Durante años su imagen recorrió la calzada México-Tacuba para proteger al pueblo de las terribles epidemias, inundaciones o temblores que de vez en cuando recordaban a los habitantes de la ciudad que la naturaleza no tenía credo religioso. En vistosas y multitudinarias procesiones, las autoridades eclesiásticas y civiles -incluyendo al propio virrey- trasladaban a la Virgen desde su santuario en las garitas de la ciudad para colocarla durante meses en la Catedral de la Ciudad de México.

 

Cuando las calamidades no cedían, ni siquiera con la intercesión de la virgen de los Remedios, las autoridades recurrían a la imagen guadalupana como último recurso, lo cual no dejaba de causar cierto malestar entre el pueblo, pues era un insulto recurrir a la virgen morena como segunda opción -aunque finalmente imperaba la alegría cuando la gente podía observar muy de cerca a la Guadalupana al frente de una procesión. Alexander von Humboldt percibió la rivalidad entre ambos grupos de fieles:

 

"El espíritu de partido que reina entre los criollos y los gachupines, da un matiz particular a la devoción. La gente común, criolla e india, ve con sentimiento que, en las épocas de grandes sequedades, el arzobispo haga traer con preferencia a México la imagen de la Virgen de los Remedios. De ahí aquel proverbio que tan bien caracteriza el odio mutuo de las castas: hasta el agua nos debe venir de la gachupina. Si a pesar de la mansión de la Virgen de los Remedios, continúa la sequía... el arzobispo permite a los indios que vayan a buscar la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe".

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