Periodos de la Historia /

El siglo de la conquista / Vida Cotidiana

La máscara de Malinaltepec

Por: Sergio Raúl Arroyo

Fecha: 24/01/2013

La máscara de Malinaltepec La máscara de Malinaltepec

 El 15 de octubre de 1921, el arqueólogo Porfirio Aguirre reportó haber hallado una máscara en el interior de un montículo funerario en Malinaltepec, Guerrero. El objeto encontrado recibió calificativos que polarizaron tanto a la opinión pública como a los académicos, cuya credibilidad osciló entre lo que cconsideraban "falso" o francamente "maravilloso".

José Vasconcelos, entonces Secretario de Educación Pública, ordenó que la máscara fuese estudiada con mayor detenimiento. Los resultados de ese análisis arrojaron una conclusión que no generó un convencimiento pleno, pero que resaltaba el carácter híbrido de la pieza: se dijo que había sido confeccionada dentro del gran crucero comercial y cultural que formaron teotihuacanos, mixtecos, zapotecos, nahuas y tlapanecos, y que perteneció a una suntuosa ofrenda funeraria ligada a la sociedad teotihuacana.

Miguel Covarrubias, por su parte, la clasificó como perteneciente al "estilo de Mezcala", una vertiente estética que resaltaba precisamente la influencia de Teotihuacan en los territorios que hoy ocupa el estado de Guerrero, al sur de México.

Recientes estudios, particularmente el estudio interdisciplinario coordinado por Sofía Martínez del Campo e impulsado a partir de 2008 por Felipe Solís, en ese año Director del Museo Nacional de Antropología, parecen haber resuelto la controvrsia, destacando dos aspectos: 1) la "materialidad" de la máscara, ya que los componentes resultan parte de su ser, por tanto, constituyen elementos indisociables de la propia confección del objeto. Se trata de materiales y colores que guardan un significado simbólico para la sociedad que los concibió; 2) el hecho de que la máscara es producto de dos etapas históricas distintas, algo que dio origen a la discusión sobre la originalidad del objeto.

La máscara en cuestión combina pedrería de turquesa azul y verde, considerada símbolo unificador de lo celeste y lo acuático, de uso exclusivo de las más altas jerarquías. La pedrería se complementó con elementos de concha y amazonita, ésta última utilizada para el montaje facial en forma de mariposa -marca de identificación de una deidad con el retorno a la vida-, así como de un glifo –un haz de hierbas torcidas- en el centro de la frente. Los adhesivos para fijar los minerales fueron hechos con óxidos de hierro y resinas, destacando el copal, vegetal relacionado con el reino de lo sobrenatural. Un collar de cuentas y dos pendientes integran un ajuar diseñado para presentar el cadáver ante los señores del inframundo.

La máscara de Malinaltepec podría definirse como un rostro ceremonial de estilo teotihuacano, hecho de piedra verde, diseñado originalmente como agente transmisor de poderes, hace 1800 años; tal vez fue parte de una escultura o estuvo incrustada en una estructura arquitectónica, pero fue recuperada y modificada tiempo después –durante el Período Clásico (probablemente hacia el año 700 d.C.)- por los antiguos residentes de Mezcala, quienes agregaron las incrustaciones de serpentina, amazonita, turquesa, concha y obsidiana.

La máscara fue reutilizada; quienes emplearon la base de su confección para refuncionalizarla, la convirtieron de facto en una especie de deidad híbrida que dotaba al difunto  con el rostro de una patrona lapidaria que le permitiría renacer -como las mariposas- y de manera simultánea, el semblante protector de una deidad acuática, probablemente Chalchiuhtlicue. Se cree que su nariz fue mutilada para evitar una nueva reutilización de su energía.

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