El Nacimiento, una tradición centenaria
Por: Natalia Arroyo Tafolla
Fecha: 17/12/2012
Por estas frías fechas nos encontramos en cada esquina las representaciones de la llegada al mundo de Jesucristo; conocidos como pesebres, belenes, portales o pasitos en algunos de los países latinoamericanos, en México les llamamos “nacimientos” y a pesar de que hoy en día poseen un estilo muy peculiar de nuestro país, sus orígenes se encuentran en Italia.
La tradición comenzó en la víspera de Navidad de 1223 en Greccio, Italia. Giovanni Bernardone -mejor conocido como San Francisco de Asís- como todo buen franciscano, vivía en la pobreza que su hábito marrón representaba y exaltando estas costumbres fue representado el nacimiento. En este pequeño poblado -muy querido por San Francisco- también se vivía de manera austera, así que era el ambiente preciso para escenificar el nacimiento de Jesús.
Con el permiso del papa Honorio III, Greccio se convirtió en una nueva Belén y quince días antes del 25, Francisco y algunos de los habitantes del lugar prepararon la gruta: pusieron un pañuelo blanco sobre un altar, llevaron gran cantidad de heno, así como una mula y un buey. Asistieron frailes y todos los habitantes de Greccio y pueblos aledaños. Tomás de Celano -biógrafo de San Francisco- cuenta que aquella noche se rindió honor a la sencillez y a la pobreza.
“Quisiera evocar con todo realismo el recuerdo del niño, tal y como nació en Belén, y todas las penalidades que tuvo que soportar en su niñez. Quisiera ver con mis ojos corporales cómo yació en un pesebre y durmió sobre el heno, entre el buey y el asno” y con esas palabras de San Francisco, se materializó por primera vez el nacimiento de Cristo.
Los asistentes emocionados, al terminar se llevaron paja del pesebre, después afirmaron que tenía propiedades curativas. La gruta se convirtió en capilla en el año de canonización de San Francisco de Asís (1228) y hoy permanece casi intacta, con la roca que sirvió de altar y de pesebre. A partir de entonces, se difundió la tradición en todos los conventos de la orden franciscana y fue expandiéndose por el mundo, el Papa Juan XXIII fue el mayor difusor.
Originalmente, el nacimiento era integrado por la virgen María, José, el niño Jesús, los tres reyes magos, la mula, el buey y la estrella de Belén. Pero los mexicanos nos hemos apoderado de aquel desértico Belén y lo convertimos en un lugar lleno de verde y fresco musgo, agregamos ríos, puentes, árboles frondosos, nopales, magueyes, guajolotes y diversos animales que evidentemente no existían en aquel lugar. Además, se agregan indígenas, tortilleras, tamaleros y niños pequeños hechos de madera, fibras vegetales, hojalata o barro. Es clásico también, encontrarnos siempre con figurillas de todos los tamaños, unos reyes magos cinco veces más grandes que los inditos, o un niño Jesús que no cabe en el pesebre.
Sin duda, los nacimientos son una bonita tradición, ahora muy mexicana, que sigue adornando el mes de diciembre, las posadas y la Navidad.
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