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Chihuahua / Cultura

Rarámuris (Tarahumaras)

Por: Aleph Yodbela

Fecha: 04/10/2012

Los rarámuris, como se autodenominan los tarahumaras, viven en su mayoría en la Sierra Tarahumara en el estado de Chihuahua. Según datos del Censo 2010 de INEGI, en la entidad había 112,249 personas viviendo en un hogar donde la madre o el padre hablan rarámuri. Otro dato relevantes es que nueve de cada diez rarámuris vive en Chihuahua. Sólo el municipio de Praxedis G. Guerrero no registró presencia de esta población. La mayor concentración se registra en los municipios de Guachochi, Urique, Balleza, Guadalupe y Calvo, Batopilas, Carichí, Guazapares, Morelos, Guerrero y Uruachi con poco más del 75% del total estatal. Los rarámuris también radican en municipios donde no se considera su territorio tradicional, como lo muestra el Cuadro 3, destacando su presencia en la capital del estado, que alcanza 6.8%. Asimismo, se aprecia la configuración de un territorio interétnico al compartir cercanías en algunos sitios con pimas, guarijios y tepehuanos del norte.

 

El idioma de los rarámuris pertenece a la familia lingüística yuto-nahua. Según el Índice de Reemplazo Etnolingüístico su lengua sigue conservándose, pues se transmite de padres a hijos o los niños siguen hablando su lengua. Los datos censales muestran que 85,316 personas hablan la lengua tarahumara en el estado, de los cuales 14.6% no habla español y la cifra se eleva a 19% entre las mujeres.

 

La antropóloga Ana Paula Pintado1 en la investigación de sus estudios doctorales de identidad y fiestas rarámuri, al hacerse la pregunta de por qué la importancia de la fiesta, afirma: “las fiestas son la base para la reproducción social, la manera de mantenerse como grupo. Son también parte importante de su principal forma de ayudarse, el kórima. Es en las fiestas donde se casan, donde se forman las parejas, donde construyen sus redes de parentesco. Es ahí donde se resuelven los problemas de la comunidad, donde las autoridades, como el gobernador, el segundo gobernador, el comisario ejidal y el comisario policía, dan el nawésari, el discurso, en el que, de forma muy solemne y durante varios minutos, recuerdan a la gente lo que es ser un buen rarámuri”.

 

1Ana Paula Pintado Cortina es antropóloga social por la Escuela Nacional de Antropología e Historia y maestra en Antropología y Desarrollo por la Universidad de Sussex, Inglaterra.

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