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José Revueltas: El apando

Por: Ricardo Cayuela Gally

El Apando de José Revueltas El Apando de José Revueltas

José Revueltas fue una figura central de las letras mexicanas del siglo XX, injustamente olvidada. Nació en 1914, el mismo año que Octavio Paz y Efraín Huerta, en Santiago Papasquiaro, Durango, donde vivó la primera infancia, antes de que su familia se trasladara al Distrito Federal. Su familia, por cierto, fue legendaria dentro de las artes de México: los hermanos de José fueron el compositor y pianista Silvestre, el pintor Fermín y la primera actriz Rosaura.

Autodidacta, José Revueltas hizo de la militancia un credo literario y de su pasión de escritor, una forma de la disidencia. Su actividad política lo llevó a la cárcel en tres etapas de su vida: como adolescente, como joven activista agrario y como miembro del movimiento estudiantil de 1968. A la vez inconforme e iconoclasta, fue expulsado dos veces del partido comunista mexicano.

De su vasta obra narrativa, dos novelas reproducen experiencias de su vida carcelaria: Los muros del agua, de 1941, sobre su doble estancia en las Islas Marías, y El apando, una obra breve escrita mientras purgaba su castigo como preso político del gobierno de Díaz Ordaz en Lecumberri, la cárcel porfirista conocida como “el Palacio Negro” y que hoy está transformada en el hermoso Archivo General de la Nación.

El apando no trata de la vida de los presos políticos, sino de dos presos comunes, el Albino y Polonio, a quienes se les incomunica dentro del propio penal, se les “apanda”, por desmanes con droga y sexo durante una visita de sus parejas, la Chata y Meche. Ya incomunicados, Polonio y el Albino planean utilizar al Carajo, también incomunicado, tuerto y maltrecho, un puro despojo al que sólo va a visitar su anciana madre, para introducir droga en la celda de castigo. La idea es que la madre del Carajo no será revisada en sus partes íntimas por la celadoras, como sí lo son las novias del Polonio y el Chato.

El plan fracasa ante la negativa de la madre a entregar el paquete con la droga hasta ver a su hijo por la diminuta rendija por la que pueden asomarse los presos apandados. El incidente desemboca en una brutal pelea entre los “monos” o carceleros y los tres presos, que acaban molidos a palos y prácticamente “crucificados” por los encargados del orden en el penal.

Relato intenso, con un lenguaje condensado, El apando desnuda los abusos del viejo sistema carcelario mexicano, denuncia la marginalidad social como una pesada losa de la que es muy difícil salir y esboza una idea difícilmente refutable: en Lecumberri los custodios eran también víctimas. Escrita sin un solo punto y aparte, El apando se lee en estado de trance, con los escalofríos de las obras de arte verdaderas, perfectas, sin concesiones.

En 1975, Felipe Cazals realizó una meritoria película de título homónimo basada en esta novela de Revueltas.

Dato curioso:

El poeta infrarrealista Mario Santiago Papasquiaro (cuyo verdadero nombre era José Alfredo Zendejas), protagonista de la novela de Roberto Bolaño Los detectives salvajes con el nombre en clave de Ulises Lima, tomó su pseudónimo del pueblo natal de Revueltas.

Enlace de interés:

El Apando (fragmento)

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