Artes /

Literatura

De armas tomar: Campobello y el villismo

Por: Julio Patán

Fecha: 16/10/2012

Nellie Campobello la única mujer escribió una novela sobre la revolución Mexicana Nellie Campobello la única mujer escribió una novela sobre la revolución Mexicana

La llamada novela de la Revolución Mexicana, que en esencia conforma un extenso acerbo testimonial, es testosterona pura. O, más bien, casi pura. Al dream team que conforman Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán, Rafael F. Muñoz, José Vasconcelos y Francisco L. Urquizo –a Mauricio Magdaleno habría que situarlo un escalón más abajo y a Juan Rulfo, de plano, en otro universo– se suma una mujer y además una francamente femenina: la bailarina, coreógrafa y escritora Nellie Campobello.

Nacida en Durango con el siglo, pasó la infancia en uno de los reductos favoritos del villismo, la ciudad de Parral, en Chihuahua -lugar que se convirtió en un santuario villista luego de que el Centauro cayera asesinado el 20 de julio de 1923 a manos de un grupo de hombres que le tenían guardados algunos “pendientitos” a Villa.

Ahí fue testigo del rebuscado espanto de la rebelión villista con todas sus contradicciones: las abundantes generosidades y la arbitrariedad de las ejecuciones, la solidaridad y la violencia indesmayables, la ingenuidad a ultranza y la crueldad indescriptible, la corrupción y el utopismo un tanto amorfo del movimiento. Muchos años después, en 1931, es decir, el mismo año en que se publicó otro clásico de la narrativa revolucionaria, ¡Vámonos con Pancho Villa! de Rafael F. Muñoz, apareció Cartucho, una mórbida delicadeza que no se vería reeditada sino hasta otros mucho después, y que en general no ha tenido muy buena fortuna a la hora de llegar a los lectores.

Igual que ¡Vámonos con Pancho Villa!, Cartucho no es una novela, sino una concatenación de estampas atroces. En este caso, la narración corre a cargo de la niña que fue Nellie Campobello, fascinada por Villa y su movimiento, a los que defendió siempre sin filtros críticos pero a los que retrata sin contemplaciones, incluso con un sadismo sutil, muy de niño, que es la fuente de la que surge casi toda la potencia literaria de esta memoria no sistematizada.

Desde que nació, Cartucho, libro poco y mal editado, ha tenido un paso complicado y fugaz por las librerías. El año pasado, la editorial Era puso una edición bien cuidada y prologada por Jorge Aguilar Mora. No hay excusas.

Comparte y Comenta:

Comparte
 

Te puede interesar: