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Literatura

Andrés Henestrosa y la fonetización del zapoteco

Por: Claudia Ocampo

Miembro activo de la campaña política de José Vasconcelos. Miembro activo de la campaña política de José Vasconcelos.

Una figura literaria en nuestro país cuyo nombre no resuena como debería es el de Andrés Henestrosa, quien legó a la lengua española incontables términos literarios y lingüísticos además de una vasta obra bibliográfica. Pero más que eso, provocó que no solo lingüistas, literatos, sociólogos y antropólogos se acercasen a su cultura natal, la zapoteca, sino que también el asombro que nos causa su dedicación a esta lengua.

Henestrosa nació en Ixhuatán, Oaxaca, el 30 de noviembre de 1906, rodeado de selva, de animales exóticos, de plantas que florecieron gracias a las aguas del Río Ostuta y de flores en la ropa de los habitantes de la zona. En su sangre corría una mezcla blanca, negra, zapoteca y huave, y su carácter era suave, por lo que sabía escuchar e interesarse por observar, y esto le permitió guardar en su memoria el lugar mágico en donde vivió y que estaba vivo gracias a la tradición oral.

Después de concluir su educación básica y solo hablar zapoteco hasta los 15 años, migró a la Ciudad de México, en donde conoció al Secretario de Educación Pública durante el mandato de Álvaro Obregón, José Vasconcelos quien también era oaxaqueño. Solicitó entonces a través de un intérprete una beca para estudiar en la Normal Superior de Maestros, en donde aprendió español. Se graduó de bachiller y cursó la Licenciatura en Derecho en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, aunque no terminó, pero también fue alumno de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de México.

Antonio Caso, quien fue maestro de Henestrosa y figura central de la Generación de 1910, le sugirió que escribiera los mitos, fábulas y leyendas que contaba de manera oral, y de esta forma dos años después se publicó el libro Los hombres que dispersó la danza, en donde se retoman tradiciones orales para recrearlas en forma de prosa. También se exalta el pasado indígena afianzado en el presente, para defender los fundamentos del nacionalismo mexicano.

Para el año de 1936 recibió una beca de la Fundación Guggenheim para realizar un estudio sobre la cultura zapoteca en América, luego de participar en la campaña presidencial de Vasconcelos. Para lograr dicho estudio, permaneció en lugares como Berkeley, California; Chicago, Illinois; Nueva Orleáns; Louisiana; Nueva York, y otros, especialmente en bibliotecas y archivos. Gracias a este estudio, logró fonetizar el idioma zapoteco y preparó el alfabeto y un diccionario zapoteca-castellano, en donde se puso en práctica dicho alfabeto.

Para 1937, en Nueva Orleáns escribió Retrato de mi madre, que junto con la Visión de Anáhuac de Alfonso Reyes, y Canek de Ermilo Abreu Gómez, es la obra mexicana más veces editada.

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