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Artes Escénicas

Teatro evangelizador

Por: Claudia Espinoza

Los frailes españoles utilizaron todos los medios a su alcance para la evangelización Los frailes españoles utilizaron todos los medios a su alcance para la evangelización

La llamada conquista espiritual inició con la llegada de los frailes españoles, que con la finalidad de instruir a los indígenas en la fe cristiana y ante la barrera del idioma que se presentaba en este nuevo y recién descubierto territorio organizaban representaciones de la Biblia.  Al principio se trataba de pantomimas o cuadros plásticos, que derivaron en representaciones teatrales. 

    Teatro, no admitido como arte, sino como un instrumento práctico con un objetivo catequístico, que utilizaba actores, coros, instrumentos y vestuarios indígenas y se expresaba en náhuatl -quizá por la reticencia de los indígenas para aprender un idioma nuevo o la escasez de misioneros para enseñarlo-, un teatro interpretado por indios y dirigido por misioneros.

    El teatro como medio de difusión ideológica fue determinante para el proceso novohispano de evangelización. La investigadora María Sten expresa: “La conquista española difiere de otras empresas similares de su época y de épocas posteriores en la medida en que se usa, al lado de las armas tradicionales, un arma poco común: el teatro. Y se puede decir, sin exageración, que el teatro fue en la conquista espiritual de México lo que los caballos y la pólvora fueron a la conquista militar”.

    Surgieron dramaturgos involuntarios como fray Luis de Fuensalida, fray Andrés de Olmos y Fernán González de Eslava. A los franciscanos se les atribuye ser los iniciadores del teatro evangelizador en espacios abiertos, los jesuitas son los continuadores de estas expresiones en el interior de sus propios conventos.

    La historiadora María del Carmen Díaz apunta: “Había obras que sólo eran meros cuadros plásticos a base de actuaciones mímicas y que servían para subrayar el contenido del sermón dominical, eran los denominados neixcuitilli, introducidos en  1530 por fray Juan de Torquemada. Representaciones monumentales como El juicio final escrita por fray Andrés de Olmos representada por primera vez en la ciudad de México, entre los años de 1533 y 1535, por 800 actores indígenas, ataviados con vistosa plumería y engalanados trajes, dentro de complejos escenarios y acompañados con coros, cantores y músicos ante 20 ó 30 mil espectadores”. 

    El 12 de diciembre de 1531 hizo su aparición en escena una figura que se volvería más que un símbolo religioso, un icono intocable de la identidad de nuestro país: La Guadalupana. Cuyo milagro y personaje fue incluido también en el que después sería denominado teatro religioso. 

    En 1601, fray Diego de Ocaña escribió la Comedia de Nuestra Señora de Guadalupe y sus milagros cuya misión era recoger donativos para el monasterio extremeño y propagar la devoción a la virgen de Guadalupe. Escenas en verso que recrean la leyenda completa y que tuvieron tal impacto que  de diversos puntos del mundo comenzaron a llegar peregrinos que deseaban conocer a la virgen y presentarle sus respetos. 

He aquí un fragmento de uno de los diálogos de esta obra:

“Tras de muchos estandartes, 

religiones y reliquias, 

en hombros de doce obispos,

dentro de unas andas ricas,

sacaron a la que fue,

Madre, virgen, pura y limpia;

salmos el clero rezaba,

los músicos letanías

y todo el pueblo a una voz

lágrimas al suelo envían”.

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