Cancún 1981, política y arena

La época de las crisis - Hechos

""Tercer Mundo"" era un concepto absolutamente aceptado en todos los niveles de las relaciones internacionales en la década de los ochenta. Un tiempo en el que las naciones debían elegir entre ser capitalistas o socialistas, entre ser aliado de Estados Unidos o de la Unión Soviética, entre el dudoso ""mundo libre"" y… el otro.

Así iniciaron los años ochenta, con los cancilleres mordiéndose las uñas por las dificultades para llegar a acuerdos pacíficos y resolver los grandes problemas que aquejaban a la humanidad como las hambrunas o la pobreza.

En medio de la crisis mundial, un minúsculo punto de la península de Yucatán se preparó a recibir a 22 jefes de Estado. En octubre de 1981, Cancún era un centro turístico de reciente creación, apenas en la década de los 70 se había descubierto su riqueza natural explotable como atractivo  y era del mayor interés del gobierno mexicano posicionarlo globalmente, de modo que aprovechó la reunión para designarlo su sede.

La llamada Cumbre Norte-Sur (¡y dale con las divisiones!), se llevó a cabo en medio de un dispositivo de seguridad estricto y en un ambiente preparado ex profeso.

Cancún era el destino turístico peor comunicado del país, llegar a sus playas resultaba oneroso para el ciudadano común, por lo que se le consideraba un destino exclusivo: un paraíso inalcanzable.

Pero, al modo mexicano, el gobierno federal resolvió en un año lo que estaba planeado en diez y la ciudad fue dotada de la infraestructura necesaria para apantallar a los visitantes.

La Cumbre no impidió que los turistas disfrutaran del Caribe, que guardaran en bolsitas la fina arena, o que se lanzaran a esnorquelear en el arrecife para llevarse de recuerdo un pedazo de coral.

Tampoco les impidió salir por las noches a beber tequilas en el Carlos and Charlie’s de la laguna o subirse a las mesas a hacer desfiguros (mi madre dixit), o nadar crudos en los cenotes, embarrados de protector solar.

Nula etiqueta existía entonces para vacacionar en el Caribe, faltaba mucho para hablar de turismo sustentable. Como poca etiqueta se evidencia en la foto oficial de los asistentes a la Cumbre, en la que apena un poco ver a las doñas Indira Gandhi y Margaret Thatcher de pie, mientras su homólogos están cómodamente sentados, o a algunos presidentes sudando la gota gorda de saco y corbata, mientras José López Portillo permanece apoltronado con su fresca camisa tipo mao. Pero, ""ya ves cómo es esa gente"" (mi madre dixit