"El cine es muy lento, prefiero una cantadita"

Después del éxito de “Yo”, en 1950, José Alfredo Jiménez comenzó una frenética actividad que iba de la radio a los conciertos en palenques, de los palenques al teatro, del teatro a la televisión. Su música empezó a llegar a todas partes, y pronto se coló en la pantalla grande. La primera película en donde sus temas fueron incluidos fue Tú y las nubes. Pero el público quería más del “hijo del pueblo”, así que no tardó mucho en empezar a actuar en películas –o al menos a intentarlo-.

El Huapango de Moncayo

“A partir de su estreno el 15 de agosto de 1941 –escribió Eduardo Neri-, con la Orquesta Sinfónica de México dirigida por Carlos Chávez, la pieza sinfónica Huapango de Moncayo se ha convertido en una especie de […] poderoso símbolo sonoro que refleja con maestría lo mejor de nuestra tierra. En esta música se lee a López Velarde: “Cuando nacemos, nos regalas notas,/después, un paraíso de compotas, y luego te regalas toda entera, suave Patria, alacena y pajarera.”

Valses mexicanos

Los valses llegaron a México, con su cadencia acompasada, en el ritmo del año 1810 a causar el escándalo entre los celosos centinelas de las buenas costumbres de la época. En 1815, la casta sociedad virreinal hacia eco ante las denuncias que llegaban al Santo oficio acerca de un “pecaminoso e inhonesto baile introducido en el día con el nombre de vals […] que ha transportado a este reino las corrompidas máximas de la desgraciada Francia”.

En cada nota un amor

Raquel Díaz de León tenía diecisiete años cuando fue obligada a trabajar en la famosa casa de citas de “La Bandida”. Allí conoció a Agustín Lara. “Tocaba el piano, me besaba y… tocaba el piano. –recuerda Raquel en una entrevista para la televisión-. Una canción, ‘te la estoy componiendo’. Siempre tenía sus canciones para adaptarlas a las mujeres que tenía cerca. A mí me compuso ‘Cada noche un amor’. […] Yo era la p…, la musa que lo inspiró”.

Viva la Mamma

El estreno de una ópera del siglo XIX, parece extraño en pleno siglo XXI, cuando la tradición operística en México tiene casi 200 años desde que las primeras compañías que se aventuraron a viajar a nuestro país cuando apenas había consumado su independencia.

Iztapalapa plena de historia y religiosidad

Se han apagado ya todos los fuegos, teas y braceros han dejado de brindar su calor. La oscuridad, el frío y el terror se han adueñado de las almas; las mujeres preñadas han cubierto sus caras con máscaras de pencas de maguey, se han encerrado en las trojes, así, si acaso se convirtieran en fieras, no devorarían a sus maridos, hermanos o hijos. Los niños, enmascarados también, sufren los pellizcos, golpes y sacudidas de los adultos cada vez que el sueño los vence. Si se durmieran, descenderían los tzitzimime para comerlos a todos.

Julián Carrillo, el desintegrador del átomo musical

Han pasado más de 100 años desde que Julián Carrillo empezó la “revolución musical del Sonido 13”. Fue en su etapa de estudiante cuando comenzó su interés sobre las divisiones longitudinales de las cuerdas y los sonidos que se producían en cada división. La curiosidad lo conminó a una exploración musical nunca antes realizada ni en nuestro país, ni en el mundo...

La técnica al servicio del arte

El compromiso que exige el arte en cualquiera de sus manifestaciones siempre es grande, pero el caso de los músicos es quizá uno de los más exigentes. El pianista Jorge Federico Osorio ha llegado a comparar la profesión del músico con la del torero. Dice que es menester salir al escenario dispuesto a arriesgar la vida, y para ello se requiere una concentración férrea y una base técnica que sustente la ejecución de los intérpretes; es necesaria, también la capacidad...

La música en tiempos de la invasión

Gracias a las mal llevadas relaciones diplomáticas entre México y Estados Unidos, durante el problemático gobierno de Victoriano Huerta, a mediados de abril de 1914, el puerto de Veracruz se vio recibiendo cañonazos sin discreción por parte del vecino del norte, quienes aprovechando la evidente desorganización de los locales, pues México padecía sus guerras intestinas, ocuparon el significativo puerto por los siguientes siete meses.

La música vernácula

México es un país que lleva la música en su calle, por la que es fácil encontrar marimbistas, guitarristas, salteristas, tamboreros, cantidad de artistas que se ganan la vida haciendo sonar sus instrumentos, a media mañana, cerca de lugares o en colonias concurridas; se presentan en los restaurantes, ocupan las aceras, intentando amenizar la estancia de los comensales. Entre todos ellos, los más populares son sin duda: los mariachis, pero no siempre fue así.

La ciudad de México a través de la música

1.-Mi Ciudad (Guadalupe Trigo, 1972). Mi Ciudad (Guadalupe Trigo, 1972). Desde que Lola Beltrán la cantó por primera vez en Bellas Artes, en 1976, Mi Ciudad ha sido bandera poética de nuestra urbe que “es un sol con penacho y sarape veteado, que en las noches se viste de charro y se pone a cantarle al amor…”. José José fue el primero en grabarla en disco y desde entonces son innumerables las versiones de este hermoso tema.