"Xochipilli: ""un dios bondadoso"""

El siglo de la conquista - Hechos

La sutileza con que se manifiesta la inteligencia de las flores, tuvo en la antigüedad mexicana un representante divino en Xochipilli, al que los mexicas también se dirigieron con el nombre de Macuilxóchitl -Cinco-Flor-. Una de sus más impotantes representaciones fue hallada a mediados del siglo XIX en Tlalmanalco, estado de México.

La escultura era roja como un sol naciente, estaba sentada en una posición meditativa (postura que remite al éxtasis) sobre una base cargada de adornos, con las piernas cruzadas, la espalda recta, el rostro dirigido hacia las alturas, con las cuencas oculares vacías y con la boca exhalando el aliento vital. Se creyó que era -del mismo modo que lo concibió años después Justino Fernández- ""...un dios bondadoso"".
 
Hoy sabemos que lleva marcada en la piel una flora selecta, probablemente exclusiva del sector sacerdotal; de ahí que Bernardino de Sahagún refiera que ""hubo pena de muerte para quien cogiera ciertas flores sin permiso"". En sus hombros se desplaza un zarcillo de enredadera ""gloria de la mañana"" (convolvulaceae), cuyas semillas provocan éxtasis a quien las ingiere; por su espalda desciende una flor brillante (heimia salicifolia), capaz de despertar alucinaciones auditivas y recuerdos remotos.

En sus rodillas pueden apreciarse dos hongos sagrados (psilocybe aztecorum) llamados también ""carne de dios"", reportados científicamente por el micólogo Roger Heim en 1956, durante un período de trabajo de campo en las faldas del volcán Popocatépetl, en un sitio muy cercano al lugar en que se halló la escultura. En su pierna derecha se abren dos espléndidas corolas, una refiere a una planta hermafrodita y narcótica conocida popularmente como ""hierba santa"" (nicotiana tabacum), la otra, se ha identificado con la flor del ololiuqui (rivea corymbosa), cuya ingesta genera ""vehemencia como de alegría infinita"", según lo redacta la antropóloga Doris Heyden.

Es muy posible que ambas plantas se les diesen a comer o beber previamente a las víctimas sacrificiales, para evitar que cayeran en un temperamento oscuro. Vale la pena comentar que de esas semillas extrajo el químico Albert Hoffman un ácido lisérgico tan potente como el LSD.

Cerca de los pies de Xochipilli se aprecia la flor ""abridora del sol"" (heimia salicifolia), que fermentada es conocida como ""elixir del sol"", bebida ritual que provoca entre sus efectos, una sensación de paz interior y que los antiguos relacionaron con la unidad entre el sujeto y el entorno.

El conjunto de flores que circula por la anatomía de Xochipilli no representa precisamente a esas especies per se, sino que constituye la metáfora de una faceta de la naturaleza revelada a los hombres, mientras que su rostro es un retrato dramático formado a partir de una visión alterada.