Villancicos mexicanos

Datos Curiosos

“Es Dios del cielo venido:

viene al suelo, adonde estaba.

Y bajo donde quedaba

por ser ya el tiempo cumplido,

en trinidad permitido,

que un solo Dios acordó

y que tal es la parida

cual quiso lo que parió”.

Villancico al nacimiento de Cristo, Pedro de Trejo.

            Los villancicos son cánticos que rinden homenaje y pleitesía al Salvador recién nacido. Se les denomina villancicos por ser tonadas populares que pertenecen al pueblo, a los habitantes de los villorrios y aldeas.

            En nuestro país fueron enseñados a los indígenas por los frailes franciscanos como parte de la evangelización; a través de ellos aprendieron el Credo en lengua castellana. Más tarde, se dieron a la tarea de componer villancicos locales que cantaban en las misas durante la Navidad.

            En 1543 el Cabildo metropolitano, sede del gobierno virreinal, organizó un coro de niños y jóvenes indígenas que habían sido instruidos musicalmente en el Cuicacalli. Interpretaban chanzonetas de Pascua y villancicos de Navidad con letras como:

“Aquela gusto que la teniendo / porque ya vide a mi pagre amado /ya’sta vestido de nuestra carne para librarnos del hacha diablo. / Aquí tienes estos indios llenos de un santo alegría / estátelo con tu pagre / y con tu magre María…”.

            Este villancico, de autoría anónima, es parte del acervo rescatado de los cánticos nacidos del ingenio de los indígenas y mestizos. Por otro lado, también se encontraban las composiciones de poetas como Pedro de Trejo y Fernán González de Eslava. Destacaron los villancicos compuestos por sor Juana Inés de la Cruz, a quien también se le atribuyen varios tocotines, es decir, los cantados en lengua náhuatl.

            Escribe Enrique Flores: “el primer tocotín de sor Juana es el que compuso para la fiesta de la Asunción, año de 1676. Está escrito enteramente en un náhuatl de ‘notable gracia y fluidez’, […]. Sigue un diálogo o cantar entre dos ‘negrillos’ y va precedido de una entrada que le sirve de introducción a la danza:

‘Los mejicanos alegres / también a su usanza salen, / que en quien campa la lealtad / bien es que el plauso campe; / y con las cláusulas tiernas / del mexicano lenguaje, / en un tocotín sonoro / dicen con voces suaves’.

Vemos a entrar, así, al atrio de la iglesia, a un grupo de danzantes aztecas similares quizá a los concheros que aún  bailan las llamadas ‘danzas de la conquista’”.

            En los romances, villancicos, glosas y juegos de Nochebuena impera el elemento popular. Cada villancico está formado por nueve composiciones agrupadas en tres “nocturnos”. Los nocturnos I y II están compuestos por estribillos y coplas, mientras que al III lo conforman jácaras y ensaladillas.