Una princesa americana

La era liberal - Hechos

El pintor costumbrista Manuel Ocaranza tardó dos años en realizar su cuadro ""La denegación del perdón a Maximiliano"", obra exhibida en la Exposición de la Escuela de Bellas Artes en diciembre de 1873. El cuadro, en palabras del pintor michoacano, muestra ""la noche del 18 de junio de 1867, cuando la princesa Salm Salm y la señora Miramón se presentan en el palacio de gobierno de San Luis Potosí implorando el perdón para los prisioneros de Querétaro que deben de ser ejecutados en la mañana siguiente"".

Agnes Elizabeth Winona Le Clerc Joy, conocida como la princesa Salm Salm, tenía 23 años cuando logró la famosa audiencia con el presidente Juárez. Una vez frente a él, la princesa cae a sus pies y le abraza las rodillas para no levantarse hasta que le concediera la vida del noble de Habsburgo, prisionero en el convento de la Capuchinas junto con su esposo, Félix príncipe zu Salm Salm.

En sus memorias, Diez años de mi vida, la princesa Agnes de Salm Salm escribe: ""Eran las 8 de la noche cuando vi al señor Juárez. Tenía un aspecto pálido y de sufrimiento. El Presidente me dijo que no podía acceder a mi solicitud y, cuando oí esas crueles palabras, el dolor me hizo perder el sentido, temblando todo el cuerpo y sollozando caí de rodillas y rogué con palabras que salían de mi corazón…"", a lo que es conocida la respuesta de Juárez: ""Ni aunque estuvieran aquí los reyes y reinas de toda Europa podría perdonarle la vida"". Aunque le prometió que su esposo viviría para contarlo.

De frondosa cabellera y hermosura alabastrina, la inteligente señorita Agnes no le tenía miedo a nada; hasta en el peligro emanaba elegancia. Había nacido en Vermont en el seno de una familia de contrastes ancestrales: por el lado paterno era prima del presidente Abraham Lincoln y la genealogía de los Joy se extendía hasta el rey Enrique III; por el otro su abuela era una india shawnee nativa de Ohio, misma que le dio el nombre de Winona, que significa ""flama"", reflejando así el carácter de la muchacha.

En 1862, Agnes se casó con un aristocrático militar europeo que había llegado escapando de sus muchas deudas de juego, de un sin fin de amores intempestivos y de cuantiosos duelos, producto de su carácter iracundo y explosivo. Félix Constantin Alexander Johann Nepomuk, noble del antiguo principado germano de Salm Salm, era miembro de una de las familias alemanas con más abolengo (Carlomagno y Guillermo el Conquistador entre sus ancestros). Sirvió en las armadas prusianas y austriacas, hasta que fue expulsado de ésta última por incompatibilidad entre su vida privada y lo que debía ser la imagen de un militar de su rango. Como era costumbre en las buenas familias europeas del siglo XIX, a la ""oveja negra"" se le compraba el boleto de ida, pero no de regreso, de preferencia a la salvaje América.

El príncipe zu Salm Salm llegó a Estados Unidos cuando la Guerra Civil comenzaba, alistándose en el Ejército de la Unión. Para entonces Agnes era una inquieta joven de sociedad, que entre otras cosas gustaba de pasar todos los días a toda velocidad frente a la Casa Blanca montada en su semisalvaje caballo mustang. El príncipe Félix se enamoró a primera vista.

Una vez casados, Agnes no dudó en usar sus encantos e influencia (su padre era General de la Unión) para impulsar la carrera de su esposo. Lo acompañó durante cuatro años en los campos de batallas en el sur, ayudando en lo que podía a enfermos y heridos, una mujer determinante (se decía que si la dejaban hubiera dirigido el regimiento sin ningún problema).

El término de la Guerra Civil fue para Félix mala noticia: los tiempos de paz le aburrían. Así, cuando se enteró que había oportunidad para unirse al golpeado ejército de Maximiliano, se embarcó a México a principios de 1867. Félix no buscaba oro ni reconocimiento, sólo participar en la aventura bélica, aunque poco le duró el gusto, pues no tardaron en capturarlo los liberales en el sitio de Querétaro, donde compartió prisión con Maximiliano, Miramón y Mejía.

Al enterarse por la prensa de la situación de su esposo, la princesa Salm Salm se embarcó a México, y empleando el soborno bien aderezado consiguió de Porfirio Díaz un salvoconducto que la mandó con el general Mariano Escobedo, comandante de las tropas que sitiaban Querétaro. Éste no la recibió, pero la envió con el presidente Juárez a San Luis Potosí, un viaje de tres días por el desierto, donde imploró sin éxito el perdón de los prisioneros. Determinada a salvar al emperador, ofreció dinero a sus carcelarios, quienes la delataron y la pusieron en arresto domiciliario. Maximiliano fue ejecutado y el príncipe Félix fue liberado seis meses después.

Ambos regresaron a Europa, donde Félix, gracias a los servicios prestados a Maximiliano, fue aceptado en la corte germana y él en el ejército Austrohúngaro. Agnes se vio de nuevo en los campos de batalla durante la guerra franco-prusiana, hasta la muerte de su esposo, ocurrida en la batalla de Saint Privat en 1870. Antes de morir, el príncipe le pidió a su esposa que le diera un último beso de su parte, a su querido perro Jimmy, aquél que había sido mimado por Maximiliano y que se había sentado al lado de Juárez mientras ella rogaba misericordia. Agnes recibió la Medalla de Honor Prusiana por su contribución.

Heroína de su tiempo, en menos de 10 años la princesa de Salm Salm fue testigo de 3 cruentas guerras en países distintos. Murió en la pobreza en 1912.