Transportes

Aires libertarios - Vida Cotidiana

Durante los tres siglos de dominación española, el transporte de personas y mercancías a lo largo y ancho de la Nueva España se realizaba en carruajes tirados por caballos y mulas. Fue necesario adaptar los caminos al espacio geográfico natural y su construcción se llevó mucho tiempo. La ciudad de México debía quedar unida a los principales centros urbanos que se desarrollaban en toda la Nueva España como Acapulco, Veracruz, Puebla, Michoacán y Querétaro, más las ciudades hacia el norte donde comenzaba a desarrollarse la minería. 

Recuas de 25 a 40 animales eran manejadas por los arrieros. Los caminos eran construidos por los comerciantes de las regiones más importantes o bien con la participación de los pueblos y los vecinos que se encargaban de su mantenimiento. Dependiendo de las condiciones del camino, el recorrido era de más de 4 leguas por jornada (17.5 kilómetros), pero si el camino que, en el mejor de los casos era de terracería, no pasaba de 3 leguas por día. 

Los caminos hacia Acapulco o Veracruz eran los más transitados pero también los más difíciles debido a la conformación física de esas regiones. A partir de la segunda mitad del siglo XVIII, las autoridades pusieron mayor énfasis en la modernización de los caminos. La ruta México-Toluca fue trazada en terracería y fue la primera en tener marcas que señalaban las leguas recorridas; contaba también con abrevaderos para las mulas. El camino a Veracruz tenía dos alternativas, por la vía de Jalapa o por la ruta que iba a Córdoba y Orizaba. 

Uno de los caminos principales fue el conocido como ""Camino Real Tierra Adentro -también conocido como la ruta de la Plata- que venía desde Santa Fe (Nuevo México), y llegaba hasta la capital novohispana, pasando además por Zacatecas, San Luis Potosí y Querétaro, entre otras poblaciones. El Camino Real además se unía con las rutas hacia Acapulco, Veracruz y la Audiencia de Guatemala. 

Con el inicio de la guerra de independencia los caminos existentes fueron destruidos y otros fueron asolados por las guerrillas insurgentes por lo que al final de la guerra, era casi imposible transitar por ellos.

Coches de alquiler

Hacia la década de 1790, se inauguró en la ciudad de México el servicio de coches de alquiler. Por un decreto del virrey Revillagigedo, se autorizó el uso de coches para el servicio público a partir del 15 de agosto de 1793. Inicialmente sólo se autorizaron ocho carruajes. Eran cerrados, de color verde con amarillo y numerados, así podía saberse quién era el responsable ""en cualquier acaecimiento"". 

Los coches sólo podían abordarse en la plaza de Santo Domingo, el portal de Mercaderes (frente al palacio de los virreyes) o en la calle del Arzobispado. Transitaban de las siete de la mañana a las nueve de la noche, con un ""breve"" periodo de tres horas para los alimentos y la siesta. El ""banderazo"" era de dos reales y dos más por cada media hora. 

Al terminar un viaje era obligación advertir a los viajeros que registrasen el interior del coche para evitar que olvidaran alguna pertenencia. Los choferes debían ser educados, decentes, vestir uniforme y ""estar entendidos que ni por la mayor urgencia han de correr ni galopar dentro de la ciudad"". Hacia 1802, ya no eran ocho, sino treinta coches los que circulaban por la ciudad de México.