¡Tírame unas bombitas!

Aires libertarios - Hechos

La guerrilla de José María Morelos rescató de la muerte la lucha independentista. El ex labrador metido a cura organizó un ejército disciplinado, entrenado, esparció el germen de la independencia por el Sur del país, reclutó rancheros, peones y criados y los transformó en generales, capitanes y soldados. Morelos tenía un don innato para la guerra, venció a oficiales realistas educados en academias militares, impuso su autoridad ante los demás jefes políticos y militares, se ganó el cariño de sus huestes y contribuyó al desarrollo de un movimiento político paralelo al militar del que surgiría el Congreso de Chilpancingo y la Constitución de Apatzingán.

El cura de Carácuaro conservó de su etapa como trabajador del campo una postura ante la vida bonachona, gustaba de los buenos caballos, la buena compañía, las fiestas y los bailes, las tertulias y disfrutaba de la lectura. Morelos creía devotamente en la igualdad racial, en la abolición de los privilegios, en la valentía y en la Independencia de México. A pesar de sus logros militares, no perdió la humildad que lo caracterizó e incluso declinó un título rimbombante por el de ""Siervo de la Nación"".

Una de sus acciones militares más brillantes se desarrolló durante el sitio de Cuautla. De victoria en victoria, Morelos había tomado el puerto de Acapulco, derrotó en reiteradas ocasiones a las tropas realistas que le salían al paso y formó un ejército para emprender acciones mayores. Morelos amenazó el centro del Virreinato de la Nueva España desplegando guerrillas, coordinando escaramuzas y emboscadas. Por el lado realista aparecía el enemigo más encarnizado del bando insurgente: el brigadier Félix María Calleja. Estos dos hombres se encontraron frente a frente en el sitio de Cuautla. Morelos contaba con tres mil hombres, mulatos como Vicente Guerrero, criollos como los hermanos Bravo, mestizos, como el propio general y cura e incluso una brigada infantil.

Durante el sitio se realizaron actos de heroísmo y bravura por parte de ambos bandos. La guerra era de trincheras y también se realizaba una campaña de desmoralización del enemigo. Ante la imposibilidad de tomar Cuautla a sangre y fuego, Calleja se replegó e intentó vencerlos por la escasez de alimentos. El cura de Carácuaro organizaba bailes y fiestas en la plaza principal, sus soldados entonces cantaban los versos: ""Por un cabo dos reales/ por un capitán un tostón/ por mi general Morelos/ doy todo mi corazón.""

El historiador del siglo XIX y compañero de Morelos, Carlos María de Bustamante, transcribió varias proclamas, cartas y mensajes de Morelos a las tropas realistas y su general. En una de ellas, el cura de Carácuaro retó a Calleja de todas las formas posibles, le sugirió tomar ""el camino de su tierra"", le advirtió además que la América toda estaba resuelta a luchar por su independencia y acabar con el dominio español. Finalizó su misiva de la siguiente manera:

[…]
Supongo que al general Calleja le habrá venido otra generación de calzones para exterminar a esta valiente división, pues la que trae de enaguas no ha podido entrar en este arrabal; y si así fuere, que vengan el día que quieran, y mientras yo trabajo en las oficinas haga Ud. que me tiren unas bombitas porque estoy triste sin ellas.
Es de Ud. su servidor, el fiel americano Morelos.

Cuautla, sobre el campamento de Calleja, 4 de abril de 1812.