Silvestre Revueltas, legado musical de vanguardia.

Música

Corrían los años de la lucha armada de la Revolución Mexicana y la violencia tocó a muchos lugares del país; en el norte, sobre todo, la situación fue muy complicada mientras que en la Ciudad de México la guerra no se manifestó con la misma dureza. Aunque en los días de la llamada ""Decena Trágica"" de 1913 sí hubo cañonazos y balas perdidas, en términos generales las labores del día a día continuaron en la capital del país.

En este contexto el joven Silvestre Revueltas era estudiante del Conservatorio Nacional de Música, y en el año 1915 realizó su primer recital de piano. Desde niño demostró ser un virtuoso del violín y que su destino estaba en la música. Aunque su vida estudiantil transcurrió en un entorno relativamente amable, la transformación social y política revolucionaria incidió fuertemente en su quehacer artístico y en el de toda su generación, a la que también pertenecieron otros músicos de reconocida trayectoria como Manuel M. Ponce, Carlos Chávez, Candelario Huízar, José Pablo Moncayo y José Roldón.

En la década de 1920 los ideales revolucionarios comenzaron a consolidarse. Se crearon instituciones que tenían el objetivo de llevar a cabo el proyecto social, enfocado en mejorar las condiciones de vida de la mayoría de los mexicanos. Si bien los cambios políticos y económicos se consideraron el eje que llevaría al país por una nueva senda, éstos debían ir acompañados de una cultura que les diera soporte; de este ímpetu por modificar estructuralmente al país surgió el nacionalismo cultural, que tuvo expresión en todas las áreas artísticas.

En este contexto, con los años Silvestre Revueltas se convenció de que el arte sólo adquiría sentido si contribuía con la formación de una cultura nacional, y para él lo más importante era que su obra tuviera su origen y destino en el pueblo mismo. Su influencia estaba en la iniciativa de los intelectuales y políticos de la Revolución, quienes encausaron sus esfuerzos en acercar las expresiones artísticas y culturales a los sectores populares. Bajo este esquema, tanto Revueltas como los músicos de su generación se concentraron en retomar las expresiones propias de ""lo mexicano"" para forjar creaciones capaces de ser una luz cultural para el país, además de ser dignas difundirse también en el extranjero.

Este tipo de música tuvo un repunte caracterizado por la innovación, la creación de un estilo propio y la elevada calidad artística. Todo ello gracias a que el gobierno mexicano apoyó la creación a través de instituciones especializadas en diversos campos. En el caso de la música, el legado del músico Carlos Chávez fue fundamental, pues durante su gestión como director del Conservatorio, entre 1928 y 1934, implementó la reestructuración académica de la institución, y la orientó al conocimiento y reproducción de las tradiciones musicales propias de México. Silvestre Revueltas fue parte de estos cambios, pues por invitación del mismo Chávez participó en la Orquesta Sinfónica Nacional desde 1929. Esta etapa de su vida fue muy fecunda, pues además de dar clases de violín y ofrecer conciertos, se dedicó a la composición de piezas para orquesta y logró llevar a la práctica sus ideas sobre la función social de la música.

Las primeras obras que Silvestre Revueltas creó en este periodo fueron ""Cuauhnáhuac"", ""Esquinas"" y ""Ventanas"". Éstas componen una trilogía que muestra los elementos ideológicos del nacionalismo cultural, porque retoma los elementos musicales tradicionales de México. Aunque el principio estético de este tipo de obras era construir obras de corte indigenista y folclórico, Revueltas logró mezclar armoniosamente lo tradicional de México con los elementos cosmopolitas.

También las obras ""Janitzio"" y ""Redes"" fueron de las más innovadoras de su época, y colocaron a Revueltas en la cúspide de la escuela musical mexicana. Probablemente por el auge de su obra, y el choque de personalidades con su mentor Carlos Chávez, Silvestre Revueltas decidió abandonar la Orquesta Sinfónica Nacional y orientar su trabajo hacia un ámbito más politizado y radical desde su militancia en el Partico Comunista Mexicano.

En 1937, estando fuera del grupo de Chávez, partió hacia España para dirigir la Orquesta Sinfónica de Valencia, donde vio los estragos de la guerra civil española y el ascenso del franquismo, cuestión que agravó los problemas de depresión y alcoholismo que había manifestado constantemente. Cuando regresó a México, vivió una grave situación económica por la falta de trabajo, aunque continuó componiendo. De este periodo es una de sus obras más afamadas: ""Sensemayá"", la cual ha sido interpretada por músicos de talla internacional.

Pero en muy poco tiempo la carrera de Revueltas se vio trágicamente interrumpida por sus problemas de alcoholismo, que lo llevaron a ser recluido en un hospital psiquiátrico en 1939, y un año después a su prematura muerte. La brillante -aunque relativamente corta- carrera de Silvestre Revueltas, que fue trascendental en la musicología nacional, dejó un legado que unió con gran maestría los elementos culturales mexicanos con las expresiones más vanguardistas de los años treinta.