San Ángel en la época prehispánica

El siglo de la conquista - Hechos

Las crónicas referían una historia fascinante. Al comenzar el siglo XVI Moctezuma II, emperador de los aztecas ordenó buscar una roca de gran tamaño, en cuyas dimensiones se reflejaran la grandeza y esplendor de México-Tenochtitlan. Los súbditos del monarca cumplieron fielmente la orden y partieron a buscarla en los alrededores del valle de México. Luego de varios días sin éxito, las voces de los viejos se dejaron escuchar.

Mucho antes de la fundación de Tenochtitlan (1325), las tribus nahuas que peregrinaban desde la mítica Aztlán, se asentaron por un tiempo entre los pedregales de un lugar al que llamaron Tizapán. La naturaleza había mostrado su furia en la forma de un volcán -el Xitle- que estalló siglos atrás en aquella región, cubriéndolo todo con lava. Al enfriarse, las rocas adquirieron formas caprichosas que se extendían hacia el sur del valle. Con el tiempo, la vida volvió a florecer, las aguas de varios ríos corrían libremente por entre los pedregales, los árboles crecieron y el verde pronto se apoderó del lugar.

Durante su estancia en Tizapán los aztecas no pudieron ocupar la parte fértil de la región por la presencia de los tepanecas -señores de Azcapotzalco y amos del valle de México- que comenzaban a desarrollar un modesto asentamiento llamado Tenanitla -""lugar donde hay muros de piedra o cercado por piedras""-, nombre que hacía clara alusión a los vestigios de la centenaria erupción.

 Desde sus orígenes, y por su cercanía, Tenanitlan y Tizapán ataron su destino a Coyoacán. Sin otra actividad más que la de proveer de leña a la importante ciudad, en ambos barrios parecía transcurrir la vida sin mayores preocupaciones, ajenos por completo a las guerras por la supremacía en el valle de México libradas por aztecas y tepanecas. En 1431, el pueblo del sol derrotó definitivamente a los señores de Azcapotzalco y Coyoacán, junto con todos sus barrios -incluyendo Tenanitlan y Tizapán-, quedaron bajo el dominio azteca, convirtiéndose en tributarios de México-Tenochtitlan.

Habían transcurrido 81 años desde entonces. El imperio azteca alcanzaba su máximo grado de esplendor bajo el gobierno de Moctezuma II. Por su belleza y buena traza, por sus construcciones monumentales, Tenochtitlan, la ciudad en el islote, verdaderamente parecía el centro del universo azteca. El emperador deseaba que cada monumento y construcción evocara su memoria y ordenó buscar una roca de grandes dimensiones, acorde con su persona y con su imperio pero sobre todo digna del templo de Huitzilopochtli. Los viejos señalaron que un monolito así, sólo podía encontrarse en Tenanitlan:

Le pareció [a Moctezuma] que para tanta grandiosidad era muy pequeña la piedra de los sacrificios, donde los hombres, que eran ofrecidos al demonio, eran muertos -escribió fray Juan de Torquemada-. Por lo cual hizo buscar una que fuese tal y tan grande, que mereciese nombre del rey que la había puesto. Anduvieron buscándola por toda esta comarca de México y viniéronla a hallar, en un lugar, dos leguas de esta ciudad, llamado Tenanitlan, junto al pueblo de de Coyohuacan. Era la piedra, como el rey deseaba y habiéndole labrado y entallado a las mil maravillas, hizo que la trajesen a lo cual concurrió grandísimo gentío de toda la comarca y la fueron arrastrando por el camino, con grandísima solemnidad, haciéndole infinitos y muy varios y diferentes sacrificios y honras.

Tenanitlan continuó escribiendo su modesta y casi desconocida historia. Paradójicamente, de su cantera había salido el monolito que transformado en piedra de sacrificios vería correr la sangre de muchos españoles durante la conquista y, sin embargo, serían los propios españoles quienes sacarían de su anonimato a Tenanitlan, abriéndole una página en la historia para transformarla en San Ángel.