Resistencia

Aires libertarios - Hechos

Tras la muerte de Morelos, el proyecto político planteado por el propio insurgente a través del Congreso de Anáhuac pronto fue olvidado. La guerra de independencia impidió consolidarlo y el movimiento cayó en un impase. 

Muchos hombres continuaron en pie de guerra, pero ninguno tuvo la estatura, ni el carisma ni la posibilidad de organizar el movimiento como lo habían hecho Hidalgo o Morelos. La situación comenzó a ser desgastante para insurgentes, realistas y para la sociedad en general, no había visos de que terminara y la economía se deterioraba drásticamente. 

Pequeños grupos insurgentes se atrincheraron en una serie de fuertes construidos aprovechando los accidentes geológicos de las distintas regiones. Entre ellos destacan el fuerte de Monteblanco, cerca de Córdoba; los fuertes del Sombrero y los Remedios en el Bajío, teatro de operaciones de Mina y Pedro Moreno, o la Jaujillaen Michoacán. 

A partir de 1816, con la llegada del virrey Juan Ruiz de Apodaca, la situación cambió. El nuevo gobernante trató de conciliar en vez de reprimir, otorgó indultos y logró pacificar casi por completo a la Nueva España. De 1818 a 1820, los efectos de la paz se dejaron sentir nuevamente. Se restableció el comercio, la agricultura volvió a florecer, de las minas se extrajo plata como nunca antes se había hecho. 

El último movimiento importante que volvió a sacudir a la Nueva España fue la expedición y campaña de Xavier Mina, insurgente español que desembarcó en Soto la Marina el 21 de abril de 1817. Llegó con 300 hombres y se internó en territorio novohispano aliándose con la guerrilla de Pedro Moreno. 

El virrey Apodaca ordenó combatirlo, declarando que Mina era un ""sacrílego, malvado, enemigo de la religión, traidor a su patria y a su rey"". Mina anduvo en pie de guerra tan sólo unos meses; durante ese tiempo cayó muerto Pedro Moreno, y Mina fue capturado y fusilado el 11 de noviembre de 1817. 

Hacia 1819 y 1820, sólo quedaban en pie de guerra Guadalupe Victoria, en la región de Veracruz, quien tenazmente perseguido por Santa Anna, optó por esconderse y las guerrillas de Pedro Ascencio y Vicente Guerrero quienes mantuvieron la llama de la independencia encendida hasta que Agustín de Iturbide entró en comunicación para tratar de llegar a un entendimiento que culminó con la Consumación de la Independencia.