Quetzalcóatl

El siglo de la conquista - Hechos

Quetzalcóatl (quetzalli=pluma rica y cóatl=serpiente) es el nombre en náhuatl que recibió el personaje mítico de la Serpiente Emplumada. Su culto se extendió a todas las culturas del mundo mesoamericano, en las que tuvo distintas denominaciones: Gucumatz, Kukulcán, Nahualpitzintli, Ipalnemoani, Tloque nahuaque, Moyocoya o su dualidad cósmica Tezcatlipoca.

 Se trata de una deidad multiforme y polifacética. Su plumaje maravilloso la identifica con las fuerzas celestiales, mientras que su cuerpo de reptil la hace depositaria de los poderes terrestres y acuáticos -tal como puede apreciarse en el Templo de Quetzalcóatl en Teotihuacan-. Su filiación con la tierra reafirmó el culto entre las civilizaciones dedicadas a la agricultura en el México antiguo, donde fue dotada de diversos atributos, entre los que destacan su metamorfosis en Ehécatl -divinidad asociada al viento, la que mediante un soplo vital le dio movimiento al cosmos- o en Tlahuizcalpantecuhtli -dios de la estrella matutina y vespertina (Venus)-; entre sus capacidades sobrehumanas están las de extraer riquezas de las tinieblas que habitan el mundo subterráneo -las flores, los frutos y, de manera central, el maíz-; asimismo, es fuente de vida, protagonista de mitos genésicos, creador de los ríos, las montañas, la escritura, las artes y las medidas del tiempo.

 Múltiples gobernantes y guerreros le rindieron pleitesía por su capacidad para transmitir el poder dinástico. Según Alfredo López Austin es ""el creador de las cosas del mundo"" y según E. Florescano: ""Quetzalcoatl es el mito universal, imposible de reducir a una sola explicación, irrefrenable y polisémico… Al reencarnar en cada época bajo nuevas apariencias y simbolismos y al reproducirse con la máxima plasticidad, adquirió la libertad suprema: la de ser cada vez una personalidad distinta y mudable"".

 Según este mismo historiador, el culto a Quetzalcóatl se inicia en Teotihuacan, ciudad que pudo ser la mítica Tollan, sitio fundacional de casi todas las sociedades prehispánicas y el origen de esta divinidad, la cual está enlazada con el dios del maíz proveniente de la civilización olmeca, anterior a la teotihuacana, creando una sola línea de transmisión religiosa de la que derivan otras representaciones, e incluso señalando que algunas de sus acepciones -como las consignadas en el primer párrafo- corresponden a líderes o héroes dinásticos que legitimaron su poder con personificaciones ligadas a Quetzalcóatl.

 Las enseñanzas del esta deidad fueron recogidas en libros llamados Huehuetlahtolli (palabras de los antiguos) que se basan en la tradición oral y que después de la Conquista fueron fijadas en la escritura por los cronistas fray Andrés de Olmos (1480-1571) y fray Bernardino de Sahagún (1499-1590).

 

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