¿Qué es Mesoamérica?

El siglo de la conquista - Hechos

Mesoamérica es un concepto clave en el desarrollo de la antropología americana que significa América media. Introducido en 1943 por el arqueólogo alemán Paul Kirchhoff (Horrste, Alemania 1900- Cd. De México 1972), la idea de conformar a Mesoamérica como una región surgió como un recurso histórico para unificar un conjunto de civilizaciones en torno a ciertos rasgos comunes: sedentarismo, vocación agrícola, sistema calendárico, religión y prácticas rituales similares, lo que supone una serie de vínculos con relación a la manera de pensar y habitar el mundo. Sin implicar una  homogeneidad absoluta, Mesoamérica es un gran caleidoscopio cultural. Sus límites geográficos tienen variaciones cronológicas y geográficas, pero su trazo general comprende la mitad inferior de lo que es actualmente el territorio mexicano, así como Guatemala, El Salvador, Belice, Honduras, Nicaragua y Costa Rica; fronteras culturales marcadas por los pueblos seminómadas del norte y las culturas Lenka, Miskito y los Chibchas de Centroamérica al sur. Algunos historiadores posteriores a Kirchhoff, desprendiéndose de las connotaciones evolucionistas que pudiese contener el término, han extendido el mapa mesoamericano hasta los estados de Durango y Zacatecas, e incluso hasta la región del Misisipi, Arizona y Nuevo México. En cuanto a la antigüedad de las civilizaciones mesoamericanas, ésta data de aproximadamente 2500 años a. C., si se toman como punto de partida los testimonios arqueológicos de la cultura olmeca.

Uno de los rasgos comunes del mundo mesoamericano es su carácter agrícola, ligado al cacao, yuca, frijol, calabaza pero principalmente al maíz -que según Richard MacNeish fue domesticado 5000 años a. C.-, una planta esencial en términos alimenticios y simbólicos. Su diversidad linguística ramificó de los troncos otomangue, mayence, mixe-zoqueana, totonaca y yutoazteca. En algunos casos estos pueblos utilizaron una numeración con base en el número veinte, ya que empleaban los dedos de las manos y los pies a manera de ábaco. En su calendario midieron y dividieron de manera diferenciada el tiempo profano y el sagrado; las puertas de este último se abrían con los rituales religiosos. Las culturas mesoamericanas proyectaron su visión del universo a través sus ciudades, códices, templos y distintos testimonios que quedaron albergados en frisos, estelas, dinteles, jambas y objetos domésticos. Su escultura frecuentemente estuvo integrada a la arquitectura, destacando la talla de relieves. Crearon una cerámica variada con técnicas de esgrafiado, puntillado, incisiones y raspado. Como todas las sociedades antiguas del planeta, compartieron la creencia de un viaje a la eternidad después de la muerte, lo que dio origen a una amplia gama de ritos y ofrendas funerarias asociadas a los núcleos religiosos formados por altares, templos y pirámides. Los sacrificios animales y humanos también fueron costumbres compartidas y, según Christian Duverger ""no hubo un centro ceremonial fundado sin sangre humana o animal"". Menos generalizado, el Juego de Pelota, formó parte de la vida comunitaria de la sociedades mesoamericanas, una ejercicio simultáneamente lúdico y religioso que escenificaba el movimiento solar, cuyo sentido último era la preservación del movimiento sideral y el cumplimiento de los designios divinos. También compartieron la visión de la guerra como una práctica de carácter religioso, algo que culminó en las batallas contra los conquistadores españoles en el siglo XVI.