Porfirio Díaz, el caudillo liberal

La era liberal - Hechos

El sol del último día de mayo de 1911 lo despidió de tierras mexicanas. Mientras el Ypiranga tomaba curso, escuchó por última vez algunos compases del vals oaxaqueño Dios nunca muere. En su memoria se dibujaba la Oaxaca de su infancia al tiempo que la costa de México desaparecía frente sus ojos: atrás quedaba la patria y su vida entera. Entrelazadas ambas, habían escrito para bien y para mal los últimos cincuenta años de la historia nacional. Un próspero mesón levantado en la vieja Antequera frente al templo de la Soledad fue su espacio natural durante los primeros años de vida. La virgen que daba nombre a la antigua construcción -y una profunda devoción familiar por su imagen- anunciaban su carácter: discreto, reservado, poco expresivo: estaba hecho para la soledad del poder. La terrible epidemia de cólera morbus de 1833, acabó con la temprana estabilidad familiar. Don José Faustino dejó una viuda -Petrona Mori- y cinco huérfanos: Porfirio, Félix, Manuela, Desideria y Cayetana.