Pirámides mexicanas

El siglo de la conquista - Hechos

La palabra pirámide refiere a una forma geométrica que ciertos arqueólogos europeos aplicaron a las tumbas egipcias y por extensión, a múltiples templos de la antigüedad mexicana, sin importar que ninguno de ellos correspondiera estrictamente a una figura piramidal y que sus funciones no siempre fueran las mismas, ya que en México estas construcciones generalmente eran centros ceremoniales y en contados casos tumbas, como sucedió en Egipto.

La edificación de las denominadas ""pirámides mexicanas"" comenzó con un basamento en su primera etapa constructiva a la que se agregaban varios pisos más pequeños, y luego escalinatas que condujeran a un templo ubicado en sus cima.

Simbólicamente representaron el ascenso y descenso del Sol en el cielo, por lo cual, frecuentemente están ubicadas hacia el poniente, siguiendo el movimiento solar de este a oeste, haciendo del templo el corazón de la ciudad y, a su vez, de la propia ciudad una imagen del cosmos.

También fueron entendidas como montañas sagradas, con grutas y cámaras en su interior, cavadas por sus mismos constructores que representaron caminos al Inframundo e hicieron del templo escalinado un lugar por el cual se alcanzaban tanto los estratos celestes como el mundo de los muertos.

Usualmente estas construcciones están rodeadas por plazas y plataformas donde se congregaban multitudes, al mismo tiempo que delimitaban el espacio sagrado y el sitio de encuentro con los dioses, punto de partida de los cuatro rumbos del universo.

En palabras de Mircea Eliade: ""... por situarse en el centro del cosmos, el templo y la ciudad sagrada son el punto de encuentro de las tres regiones cósmicas"".

Efectivamente, las llamadas coloquialmente ""pirámides mexicanas"" son construcciones de origen mesoamericano compuestas por una serie de niveles -del más grande al más pequeño-, sobrepuestos a una plataforma -la de mayores dimensiones-, con una escalinata integrada, cuya función fue vincular los distintos estratos que conformaban su concepción del universo. Son un signo infalible de los límites del espacio sagrado respecto del profano.