Los partidos políticos y la caída de Madero

La revolución - Hechos

Con cierta regularidad, al hablar de la Decena Trágica, casi en automático, uno piensa en los principales protagonistas de dicho evento: Francisco I. Madero, José María Pino Suárez, Victoria Huerta, Bernardo Reyes, Félix Díaz, Manuel Mondragón, Henry Lane Wilson, Felipe Ángeles y los más avezados en el tema hasta en el Mayor de rurales Francisco Cárdenas, quien fue el asesino material del presidente.

Sin embargo, quizá de mayor importancia, aparecen como protagonistas los partidos políticos, pues con ellos, al grito democrático maderista, ""desaparece la pasividad política, al concentrar nuevas capas de la sociedad"".

Porque resulta tan importante considerar a estos núcleos partidistas? Porque dentro de ellos se diseminaban, tanto los que favorecían al régimen maderista, como los que disentían de sus propuestas ideológicas, además de los que se encontraban resentidos con su persona.

Para 1912, la inmadura presidencia de Madero y el cumplimiento de sus promesas de campaña, mantenían entre dos fuegos su presidencia, al respecto, Fracois Xavier Guerra comentaba: ""La no reelección era relativamente fácil de traducir en los textos legales, la efectividad del sufragio iba en contra de toda la práctica electoral mexicana"".

Las muestras democráticas mostradas por Madero en sus formas de llegar a la presidencia, le exigían esos mismos medios para mantener su estabilidad política, lo que no resultaba del todo claro. El juego partidista estaba repartido de la siguiente manera:

El Partido Constitucionalista Progresista, creado exprofeso por Madero para substituir el Partido Antirreeleccionista, dejando como encargado de su jefatura a su hermano Gustavo y lo que ello representaba, en tanto intereses personales y de campaña; el Partido Nacional Liberal, compuesto por liberales moderados y radicales, ligados a la figura de Flores Magón. Y el Partido Católico Nacional, conformado por porfiristas de raigambre y conservadores de cepa.

La característica de estos partidos no sólo radicaba en la búsqueda por el control de la Cámara Alta, sino también en todos los recursos mediáticos y de relaciones para poder disponer de recursos materiales, casi siempre en contra de la presidencia maderista.

Mucho se ha cuestionado acerca de la actitud de Madero por conservar la estructura políticas del antiguo régimen. La realidad le cobró su involuntaria inocencia. Madero no tuvo la habilidad de homogenizar las clases partidistas emergentes, y su indecisión, provocó, la inestabilidad social y militar del país, pese a sus esfuerzos democráticos, lo que lo llevó a perder el control político y su propia vida.

Las elecciones para Diputados del verano de 1912 se llevaron a cabo dentro de un orden democrático relativo, aunque la Cámara quedo sin el control del presidente. Los 254 diputados que se eligieron para la XXVI Legislatura, no representaban la mayoría maderista. Más bien eran la cara de los contrarios, que al ver lesionados sus intereses, optaron por apoyar el revés del ejercicio democrático. El golpe de Estado de 1913.