Paladines de la Justicia

La Nueva España - Vida Cotidiana

Perseguían a toda clase de maleantes: salteadores de caminos, asesinos, violadores, bandidos y malhechores. Era un grupo de justicieros, que cotidianamente tenía una sola misión: hacer el bien. La ley era su bandera, el orden su religión y contaban con la anuencia real para ""escoger los medios más activos para dar fuerza a la justicia y reprimir con el castigo la maldad"".

Aquel grupo de hombres era conocido como la Santa Hermandad.  Surgida en España bajo el reinado de Alfonso VIII y mejorada por los reyes católicos, había alcanzado las costas de la Nueva España hacia 1553, cuando transitar por sus caminos era una apuesta en la que iba de por medio la vida.

Las ""santas"" sanciones de la Hermandad, parecían provenir de un prontuario del infierno y sin embargo, fueron escasamente cuestionadas; durante años reinó la seguridad en caminos y ciudades novohispanas.

Los delincuentes pensaban dos veces antes de torcer el camino: no tenían derecho a defensa alguna y al ser capturados eran llevados al lugar donde habían perpetrado su delito para recibir su castigo.

En caso de ""fuerza de mujeres en despoblado como no sean públicas o rameras"" (violación), homicidios alevosos o intento de asesinato el culpable se aseguraba la muerte con saeta. Las penas por robo variaban de acuerdo a los montos y las había de todo tipo: destierro con azotes; orejas arrancadas y cien azotes o pierna cercenada y prohibición de volver a montar a caballo. Pero si la suma robada era tan grande que se convertía en un agravio contra la sociedad, el acusado era llevado al campo y la Hermandad tiraba contra su cuerpo siete saetas a fin de darle muerte. Eran otros tiempos, sin duda.