Origen geológico del territorio chihuahuense

Chihuahua - Geografía

Deben ser consideradas al menos dos provincias fisiográficas para explicar el origen geológico del estado de Chihuahua: las sierras y llanuras del Norte, y la Sierra Madre Occidental. Pero la historia geológica de toda la entidad comenzó desde el Precámbrico, cuando la Tierra comenzó a deformarse.

Después, durante el Paleozoico, el territorio del norte del estado fue plegado. Durante el Mesozoico (inicios del Jurásico Superior) las aguas del Atlántico comenzaron a avanzar paulatinamente desde el oriente para inundar depresiones y llegar a cubrir todo el territorio del actual estado, mientras que del lado del Pacífico aparecían las fosas tectónicas y la subducción de placas. La primera provincia -las sierras y llanuras del Norte- comenzó a formarse desde finales del Jurásico Superior, cuando los mares iniciaron su retroceso, y en el Cretácico Inferior, cuando ya aparecieron las cuencas cerradas de ambiente lagunar o bolsones. Tiempo después, depósitos volcánicos llegaron transportados por corrientes desde cientos de kilómetros al oeste y cubrieron las rocas antiguas. En esta región dominan las rocas volcánicas ácidas en el oeste, calizas en el este y norte, además de basaltos y acumulaciones salitrosas.

La segunda provincia: la Sierra Madre Occidental, presentó su origen en el Terciario, cuando aparecieron muchos volcanes que expulsaron de manera extraordinaria materiales ígneos que cubrieron los sedimentos más antiguos con grandes espesores de rocas ignimbritas1. Además, la tierra fue partida y plegada por grandes fallas, emergiendo de las aguas marinas que la cubrían, hasta aparecer las colosales barrancas que hoy conocemos, por ejemplo la de Urique, la cual suponen los geólogos fue creada hace unos 30 millones de años. En esta región abundan las rocas ígneas extrusivas del Terciario, cubriendo 43.66% de la superficie estatal. 1Ignimbrita, roca ígnea y depósito volcánico con grado de cristalización holovítrea formado por flujos piroclásticos. En los depósitos de ignimbritas se observa con frecuencia la presencia de fragmentos de pumita, más o menos alterados y aplastados, de forma alargada, que se denominan flamas. Se encuentran en extensas coladas producidas por la efusión de la lava no por un cráter, sino por largas fisuras del terreno volcánico. Consisten en una toba formada por cenizas y partículas de silicatos procedentes de la espuma de lavas viscosas producidas en una erupción volcánica.