Las mujeres de la Independencia de México

Aires libertarios - Vida Cotidiana

En los primeros años del siglo XIX se avecinaba un proceso de transformación radical del territorio novohispano: la guerra de independencia. Desde finales del siglo anterior, paulatinamente aumentó el descontento debido a las reformas emprendidas por la Corona española, y tanto hombres como mujeres de diversos estratos sociales comenzaron a considerar que la continuidad del régimen español en América era ilegítimo. Sin embargo, en los anales de la historia nacional la presencia femenina en este amplio movimiento se ha ensombrecido, pues se construyó un relato histórico protagonizado fundamentalmente por varones.

Al paso del tiempo se ha reconocido que la participación de las mujeres en la lucha por la independencia fue imprescindible, pero todavía queda mucho por saber acerca de ellas. Por su condición de género, en la época se consideraba que el lugar que debían ocupar era el espacio privado, y esto implicó que desarrollaran estrategias particulares de lucha, sin las cuales el sostenimiento exitoso de la guerra por tiempo prolongado habría sido imposible.

Una gran cantidad de mujeres anónimas de las clases bajas fueron muy activas en el proceso independentista; llevaron a cabo labores que se consideraban ""propias"" para las mujeres, y apoyaron a los ejércitos insurgentes en la elaboración de alimentos, cuidado de los heridos o como informantes y guías por los caminos. También se sabe que ocultaron a los insurgentes perseguidos, o transportaron armas y correo de forma clandestina. Algunos nombres de estas mujeres sí han sido registrados, como el de Luisa Martínez, quien fue una informante que mantuvo comunicación oportuna, víveres y recursos para el ejército insurgente en su natal Erongarícuaro (en el actual Michoacán). María Petra Teruel, por su parte, protegió a los insurgentes presos; Ana García acompañó a su esposo a la guerra; mientras que las hermanas Francisca y Magdalena Godos hacían cartuchos y cuidaban a los heridos.

Otro importante ámbito de lucha femenina fue la guerra. Las mujeres que decidieron tomar las armas a pesar de los peligros, demuestran aunque prevalecía la noción de que las mujeres debían cumplir un rol pasivo enfocado a los cuidados o el acompañamiento, hubo muchas mujeres notables que transgredieron este esquema. Aunque hay pocos datos sobre ellas, son un ejemplo que nos permite vislumbrar las aportaciones femeninas a la gesta independentista. Manuela Medina ""La Capitana"", por ejemplo, participó en acciones de guerra y siguió la campaña de José María Morelos y Pavón. Altagracia Mercado formó un pequeño ejército en su natal Huichapan (en el actual estado de Hidalgo) con su propio dinero, y se enfrentó frontalmente al ejército realista; su legado fue ampliamente reconocido desde el siglo XIX por el famoso escritor Joaquín Fernández de Lizardi. También María Fermina Rivera llegó a tomar las armas de los soldados caídos para participar en las batallas.

Algunas mujeres de clase media y alta con posibilidades de aportar recursos a la lucha también se involucraron arriesgando su seguridad y parte de sus bienes para apoyar la insurgencia, tal y como lo hizo María Ignacia de Rodríguez Osorio y Barba, conocida como la ""Güera Rodríguez"", quien se relacionó de forma muy cercana con personajes muy influyentes, como Humboldt, Simón Bolívar o Agustín de Iturbide, y colaboró decididamente con el proceso de consumación de la independencia. Mariana Rodríguez del Toro fue anfitriona de numerosas reuniones de conspiradores en la Ciudad de México, igual que la famosa doña Josefa Ortiz de Domínguez.

A pesar de que el papel social que se consideraba idóneo para las mujeres en la época era de franca subordinación, muchas de ellas lograron trascender las limitaciones impuestas por el papel cultural de género, y siguieron los ideales libertarios apoyando la lucha por la independencia. Muchas mujeres fueron juzgadas y sentenciadas a muerte por su respaldo a la insurgencia, pero otras tantas lograron aprovecharse de su rol social y conseguir la libertad por el hecho de ser mujeres. En los juicios en su contra, un argumento recurrente era que ellas no sabían lo que hacían, o que no apoyaban a la insurgencia sino que sólo estaban siguiendo a sus maridos. La presunción de ignorancia y subordinación, en estos casos, fue sólo una estrategia ante los varones que las juzgaban para hacerse pasar como inocentes de cualquier cargo y ser puestas en libertad.

Aunque el olvido ha operado en muchos episodios históricos relegando a las mujeres, es importante recordar que en el pasado ellas también participaron con ahínco; y sus aportaciones a la gesta por la independencia de México fueron tan importantes como las de sus compañeros de lucha.