Mitos y leyendas

Aguascalientes - Cultura

Historia de ambición y muerte; de plata, oro, y tesoros escondidos. Ocurrió en la tierra de la gente buena, para ser exactos, en una familia de la Villa de la Asunción de las Aguascalientes del siglo XVIII, en el mesón de las Agapitas.
Las Agapitas tenían su negocio en la actual calle Juárez, una de las más antiguas de Aguascalientes; ofrecían comida caliente y cuarto limpio, eran reconocidas por su generosidad, siempre atentas con los forasteros. A pesar de los malos tiempos el mesón tenía las puertas abiertas, y un día llegó un negro viejo, alto, de pocas palabras, y pidió alojamiento.
Este señor pagaba con monedas de oro puntualmente, cuidaba de su burro, comía con las Agapitas y sin molestar a nadie se encerraba en su cuarto. Una mañana, extrañadas de que el viejo no desayunara fueron a verlo y lo encontraron bien enfermo; la doña encargó a su hijo José cuidarlo y el negro contó su historia de cómo fue el hombre de confianza de un español que hizo fortuna en las minas de Zacatecas; al morir su esposa, entristeció de tal manera que dejó de trabajar y prefirió regresarse a su patria; en tierras aguascalentenses enterraron un tesoro, dejando de cuidador al ahora negro enfermo quien en esa última conversación le dio las señas del lugar y el mapa a José, y poco después murió. Allá fue el hijo de Agapita; no solo encontró monedas de plata y oro, también lingotes. Tomó lo que pudo entregándoselo a su madre y en corto tiempo el precario mesón se convirtió en un lindo hotel; pasaron a formar parte de la alta sociedad y la servidumbre se encargó de los quehaceres.
Borracho un día, José les contó todo a sus hermanos, estos le robaron el mapa y con varias mulas fueron a saquear el tesoro del español y el negro fiel. Nunca regresaron, nadie supo de ellos, José terminó loco y las Agapitas se fueron sin decir adiós de Aguascalientes, envueltas en dolor y luto.