Los últimos días del presidente Madero: Márquez Sterling

La revolución - Hechos

 ""A Don Pancho lo truenan"", le anticipó el general Felipe Ángeles a Manuel Márquez Sterling -embajador de Cuba en México y amigo personal de Madero-, pero éste aún confiaba en que podía salvar la vida del presidente Madero, a su familia y a sus colaboradores más cercanos, enviándolos a Cuba.

Había transcurrido poco más de un mes, cuando Márquez Sterling presentó cartas credenciales a Madero, pero el embajador cubano ya era un obstinado maderista desde tiempo atrás.

En 1905, escribió Psicología profana, en el que hizo una crítica a Porfirio Díaz, basada en la entrevista que le hizo un año antes al presidente en el Castillo de Chapultepec. En enero de 1913, cuando Márquez Sterling se presentó en el salón de embajadores de Palacio Nacional, Madero ya había leído su libro, por lo que le dijo: ""ya sé que usted es leal amigo de nuestra democracia"".

Madero vio en el embajador a un compañero afín, con una ideología política compartida; además de un interés en el espiritismo, ambos leían a Allan Kardec    -padre de la filosofía espírita- y a F.W.H. Myers -quien intentó explicar de manera científica los fenómenos paranormales-.

Por su parte y encima de estos mismos elementos, Márquez admiraba a Madero y lo comparaba con José Martí, pues como él, había organizado un levantamiento en su país y fundado un partido que abrazaba sus ideales.

Esta fraternidad que se formó en escasas seis semanas, hizo que Sterling hiciera todo cuanto estuvo en sus manos para abogar por la vida de Francisco y Gustavo Madero, Pino Suárez y Felipe Ángeles.

Después del golpe de estado encabezado por Victoriano Huerta, se obligó a Madero a renunciar a la presidencia. El embajador cubano habló con Lane Wilson, su homólogo estadounidense e intentó ver a Huerta; un militar le aseguró que la vida del presidente no corría ningún peligro, pero -en palabras de Sterling- ""el gato se puso de acuerdo con el ratón"" y las decisiones ya estaban tomadas.

Márquez Sterling visitó a Madero durante su cautiverio; don Francisco, sin saber el final que le esperaba le dedicó una fotografía: ""A mi hospitalario y fino amigo Manuel Márquez Sterling, en prueba de mi estimación y agradecimiento"". Probablemente esto fue lo último que firmó en vida y le entregó su fotografía diciendo: ""Guárdelo en memoria de esta noche desolada"". Y la predicción de Felipe Ángeles se cumplió.

Aun cuando el presidente ya había sido asesinado, Manuel Márquez Sterling escoltó a la familia de Madero a Veracruz para embarcarse con ellos hacia Cuba. Cuando estuvieron a salvo, el embajador regresó a México para renunciar a su cargo diplomático.

En 1934, Sterling asumió la presidencia de Cuba por un periodo de 6 horas. Al respecto, el poeta Eliseo Alberto escribió: ""Alguna vez le escuché decir al poeta José Lezama Lima que había sido nuestro mejor mandatario, el más digno, porque sólo ejerció su poder… durante seis horas. En su escritorio, puso aquella vieja foto de Madero. ‘¿Qué hago yo aquí?’, le habrá preguntado al retrato. Esa misma noche, ordenó las sillas de su despacho y regresó a casa con Pancho en el bolsillo.""

Los últimos días del presidente Madero, es por muchos, considerada la mejor obra en donde se cuenta la Decena Trágica. Manuel Márquez Sterling la escribió en 1917. Felipe Ángeles le escribió una carta fechada el 5 de octubre de 1917: ""leyendo este libro he admirado en usted al hombre bueno, al liberal y al artista […] puede comprender mejor y pintar a Madero, legándole a la Historia su mejor retrato"".