A Madero no se le fue el avión

Datos Curiosos

Alejandro Rosas

Si los globos aerostáticos deslumbraron al mundo moderno desde finales del siglo XVIII y ganaron su lugar en los cielos durante el XIX, en los albores del siglo XX los aeroplanos emprendieron su vuelo para ganarse la admiración de la humanidad. Entre los pioneros de la aviación mexicana se encuentra Alberto Braniff, quien en 1910 se convirtió en el primer hombre en volar un avión en toda Latinoamérica.

     Al año siguiente, México sorprendió al mundo con la arriesgada empresa del presidente Francisco Ignacio Madero. Fueron los cuatro minutos más emocionantes de toda su vida y los cuatro minutos que asoraron a buena parte de la población. Ni siquiera cuando las balas de la revolución le pasaron silbando aumentó así su adrenalina, ni lo pusieron tanto en riesgo.

     Nadie podía acusarlo de cobarde pero sí de loco. Algo tenía de excéntrico: le gustaba bailar, paseaba sin escoltas por Chapultepec y la Alameda en compañía de su esposa, se mandaba hacer sus camisas al Palacio de Hierro, lloraba con la música clásica en los conciertos de la Sinfónica del Conservatorio.

     Algo tenía de temerario como para desdeñar la muerte, porque en sus palabras “la muerte no existía”, sólo era un tránsito. Frente al anuncio de lo que se atrevería a realizar surgieron muchas preguntas. Si había logrado sortear con fortuna la revolución y ya era presidente de México ¿por qué arriesgar su vida?

    ¿Por qué no?, se dijo a sí mismo Francisco I. Madero ese 30 de noviembre de 1911 –semana de la aviación-, y sin dudarlo, abordó el biplano que se elevó cuatro minutos por encima de los llanos de Balbuena, mientras los concurrentes mantenían “el alma en un hilo” e invocaban a toda la corte celestial para que velaran por el arriesgado presidente. No era para menos, eran los albores de la aviación en México y no había ninguna seguridad.

     Los segundos transcurrieron lentamente -más lento que de costumbre- y al aterrizar, el audaz piloto Diyot y el no menos valiente presidente fueron felicitados. Se tomaron decenas de fotografías, donde aparecía don Francisco con equipado con sus lentes para vuelo.

     Debido al éxito de su hazaña, Madero decidió enviar una comisión a Europa a entrenarse en aviación y autorizó la compra de dos aparatos para el ejército mexicano. Se le veía satisfecho y tenía motivos para envanecerse, no sólo había sido el iniciador de la primera revolución del siglo XX, ahora también, era el primer jefe de Estado en todo el mundo, que había volado en avión.