Los consejos de la abuela

Datos Curiosos

Alejandro Rosas

La “Abuela Park” era una marca registrada. Con su vasta experiencia, tenía remedios caseros para resolver cualquier problema: callos, dolor de muela, tos, diarrea, escalofríos y calenturas, entre muchos otros. La gente podía identificar sus productos porque aparecía en los frascos con su peinado de chongo, sus anteojos, su chal y bordando con una actitud francamente amenazadora.

          En 1904, la “Abuela Park” fue la gran patrocinadora del brevísimo manual de conocimientos prácticos y curiosos titulado: Libro de información y consulta. Una recopilación de informes, conteniendo reglas y tablas de valor. El título, básicamente, no le indicaba nada al lector, hasta que no revisaba cada una de sus 74 páginas. Entonces podía encontrar, no sólo las recetas de la abuela, también pesos y medidas, distancias, primeros auxilios, climas y datos sin más sentido que dotar al usuario de información inútil como saber que el “buitre puede volar 200 kilómetros por hora” o que Enrique IV de Francia tenía un halcón que llegó a volar 2040 kilómetros en 24 horas.

          Este tipo de curiosidades hemerográficas tuvieron su auge durante buena parte del siglo XIX y particularmente bajo el porfiriato ante la ausencia de una prensa libre y crítica de la autoridad. Como era costumbre en otras publicaciones, el Libro de información y consulta dedicaba su primera página a don Porfirio, “el gran general y hombre político de México. El hombre que ha sido para México lo que Washington fue para los Estados Unidos del Norte. Su inteligente política ha sido desarrollar los recursos de su patria e industria y el progreso ha sido su palabra”.

          A partir de la segunda página comenzaban los consejos y los datos curiosos. “Todo se explica de una manera tan simple –señalaba el prefacio-, que cualquier hombre de ordinaria inteligencia, prontamente puede comprender y realizar su derribado, y ponerlo en práctica”.

          Junto a las recetas de la “Abuela Park” aparecían una y otra vez datos sin sentido como saber que después de Estados Unidos, México era el país que tenía más líneas férreas en América; que la capital de país, en 1904, era la ciudad mejor alumbrada del mundo o que no había nada mejor que el agua oxigenada para quitar las manchas de la sangre derramada por la represión porfiriana. De cualquier forma, con sólo 25 centavos de aquellos tiempos, cualquier mexicano se podía hacer de su libro de bolsillo y guardarlo para la posteridad para dar testimonio de una época.