Viva la Mamma

Música - Obras

El estreno de una ópera del siglo XIX, parece extraño en pleno siglo XXI, cuando la tradición operística en México tiene casi 200 años desde que las primeras compañías que se aventuraron a viajar a nuestro país cuando apenas había consumado su independencia. Como augurio de los nuevos tiempos, uno de los espectáculos que fue bien recibido en el nuevo país, fue la ópera. En un principio, las obras eran interpretadas en castellano ya que los actores no conocían el italiano ni al público le gustaba el idioma.

En 1827 arribó a México una de las primeras compañías operísticas, la del empresario Manuel García, sin embargo, no tuvo éxito por el problema del idioma original en que se hacían las representaciones. La mayoría de las funciones terminaban con el teatro casi vacío debido a que la gente aburrida, abandonaba la sala a media función. Las obras que más gustaban eran las líricas, aunque el público también era afecto a los melodramas.

En 1831, por iniciativa de Lucas Alamán, Cayetano Paris trajo a México al famoso Filippo Galli; su compañía fue la primera en presentar en el país los éxitos de Rossini. Si bien, los mexicanos ya conocían El barbero de Sevilla, estrenada en la capital en 1823, así como la Italiana en Argel, Elisabetta, regina de Inghilterra, y otras (1824-1826), la virtud de Filippo fue convencer al público mexicano que las óperas italianas se cantaban en italiano.

A su llegada a Veracruz la compañía de Filippo Galli ofreció dos conciertos y el 12 de septiembre se presentaron exitosamente en el Teatro Principal, con la obra Torvaldo e Dorliska de Rossini dirigida por Lauro Rossi. A casi 10 años de la puesta en escena de las primeras óperas del México independiente, su montaje y su interpretación ya eran comparables con los mejores teatros europeos.

El espectáculo de la ópera llegó a presentarse hasta en lugares insospechados. En Los bandidos de Río Frío, Manuel Payno recreó un acontecimiento que ocurrió en aquellas décadas. El asalto a una compañía operística cuando viajaba rumbo a Veracruz.

Su protagonista, el capitán Evaristo, jefe de los maleantes, guardaba un refinado gusto por la ópera pero “teniendo muchas ocupaciones de día y de noche en el camino” le era imposible asistir al Teatro Principal. En uno de sus asaltos detuvo a una compañía italiana de ópera. Los artistas no llevaban recursos ni más bienes que su vestuario, por lo que el capitán les pidió que cantaran algunas arias y luego, contento por su función privada, los dejó ir.

Esa misma tradición operística que nació desde el siglo XIX en México, continúa en pleno siglo XXI; casi no se registra ningún año en que los mexicanos no hayan gozado de la ópera, ya fuera con alguna compañía extranjera con con la Compañía Nacional de Ópera. Pero además, todavía es posible que el público vea el estreno de una obra.

El pasado 24 de septiembre del 2015 se estrenó en el Palacio de Bellas Artes la ópera en dos actos titulada Viva la Mamma, con música de Donizetti, basada en la comedia homónima de Antonio Simone Sografi, la cual fue estrenada en Nápoles el 21 de noviembre de 1827. Lejos de la tragedia o el drama como suelen ser la mayor parte de las óperas clásicas, esta puesta en escena es una invitación al buen humor.  

El director de escena Antonio Castro, señaló “Esto es como ver una obra de Molière cantada". Catalogada como farsa, la obra de Donizetti trata acerca de una compañía que quiere montar una ópera seria, pero todo camina hacia el desastre debido a que la soprano y el tenor que deben interpretarla son un par de cretinos con aires de diva y divo.

El estreno de Viva la Mamma fue un éxito, y cautivó al público mexicano en sus cuatro presentaciones.