La rodilla del diablo

Nota Curiosa

Walter Benjamin decía que ""articular históricamente lo pasado no significa conocerlo como verdaderamente ha sido, consiste más bien en adueñarse de un recuerdo"". Estos recuerdos, estas historias reconstruidas me hacen pensar en la tradición oral, aquella que ha ido desapareciendo, que ha sido subestimada por carecer de documentación y de la cual se cuestiona su veracidad. Si bien, la tradición oral no solamente es parte del folklore de cada lugar, es también parte fundamental de su formación como pueblo, pensemos en las leyendas. En México cada rincón está conformado por un puñado de creencias populares, que conciben la esencia de cada comunidad.

Un lugar que se recorre por caminos bordeados de helechos y musgos, atravesando puentes de madera, bajo la protección de gigantes árboles que que entrelazan sus ramas tejiendo una misma sombra; el sol se filtra entre el follaje, iluminando los pétalos de las miles de flores coloridas que adornan el paisaje. Cascadas, fuentes naturales y resbaladizas, piedras del camino envuelven de frescura el lugar. Es el Parque Nacional de la Barranca del Cupatitzio -hoy llamado Parque Nacional Lic. Eduardo Ruiz, en honor a este ex propietario, político e historiador-, ubicado en Uruapan, Michoacán.

El río Cupatitzio -en purépecha ""río que canta""- nace en el manantial llamado ""La rodilla del diablo"", un siniestro nombre que viene de una antigua leyenda que, por mis descripciones y argumentos anteriores quiero contarles.

Las aguas del río habían dejado de correr, el campo se tornaba de un color amarillento y las hojas de los árboles comenzaban a secarse. El pueblo estaba mortificado pues la fertilidad de las tierras se había reducido a nada. Fray Juan de San Miguel -el llamado ""fundador de pueblos"" -meditaba la situación y con plegarias esperaba una respuesta. Así pasaron los días hasta que, divinamente, se iluminó su pensamiento y encontró el problema: el manantial estaba poseído por el Diablo (Recordemos que en el siglo XVI se culpaba a fuerzas diabólicas cualquier tipo de desgracias).

Había entonces que realizar un exorcismo en el lugar. Fray Juan hizo sonar las campanas y llamó a los indios. Hicieron una procesión, encabezada por una imagen de la virgen de Guadalupe rodeada por sacerdotes y demás gente del pueblo hasta que toda la comitiva llegó al seco y triste manantial.

El fraile oró en silencio por unos momentos y roció las rocas con agua bendita. El suelo comenzó a sacudirse terriblemente haciendo estremecer a todos los que se encontraban en dicho ritual. Se escuchó un escalofriante y sonoro grito y segundos después la figura de Satanás salió de entre las piedras. Retrocedió al ver la imagen de la Virgen y sentir todos los aromas de las flores que la adornaban. Asustado, corrió huyendo del lugar y tropezó, dejando así una oquedad producida por su rodilla. En ese momento las cristalinas aguas brotaron de nuevo, los campos reverdecieron y la alegría volvió a Uruapan pues el Cupatitzio había vuelto a cantar.