La prostitución: recuento de un viejo oficio

La Nueva España - Vida Cotidiana

No tienen principio ni tendrán fin. No siempre han tomado partido y han vivido al margen de los acontecimientos nacionales con la única misión de otorgar un poco de placer. No sé sabe su origen ni hay registros de la primera prostituta en la historia mexicana; sin embargo según Alfredo López Austin, en documentos como los Códices Matritense y Florentino existen diversas referencias a la ""mujer alegre..., la mujer malvada que con su cuerpo se hace lujuriosa... afligida, pervertida. Es víctima para el sacrificio, esclava bañada para el sacrificio... Vanidosa, presuntuosa, mujer contoneante...""

El concepto de ""prostituta"" se utilizó hasta mediados del Siglo XVIII. En el México novohispano no existía un término legal o una pena por ejercer este oficio, pero sí había sanciones para las ""alcahuetas"" o ""leoninas"" y desde el siglo XVI se crearon instituciones de salud especializadas en atender el ""fuego sacro"" o el ""mal de San Anton"", como el Hospital de Nuestra Señora de Loreto, donde se atendían a mujeres sifilíticas y tuberculosas.

Dentro de las páginas de La Gazeta de México, quedó escrito que el 22 de julio de 1733 se ""celebró en la Real Casa y Recogimiento de Santa María Magdalena con toda la solemnidad"" una misa y sermón en honor de la fundación en 1689 de la ""Casa para Rameras Públicas"", lugar de reposo, donde después de la vida disipada llevada por estas mujeres, les ayudaban a volver al buen camino y a bien morir.

Durante la guerra de independencia, la prostitución se usó, en muchos casos como arma contra los realistas. Las ""hembras disolutas"" fungían como espías o con mañas y audaces artificios convencían al enemigo de unirse a la causa independentista. El gran momento para estas heroínas fue el sitio de Cuautla (1812). Durante más de dos meses las mujeres públicas visitaron el campamento realista del cual obtenían sus buenas monedas y sobre todo información militar de valor incalculable para la causa de Morelos. Su labor quedó grabada en la historia de Cuautla desde la década de 1820, cuando el Ayuntamiento de la ciudad les dedicó una calle: ""Intrépida barragana"".

Pero no siempre fueron tan patriotas. Años más tarde cuando los norteamericanos ocuparon la ciudad de México, en 1847, las meretrices llamadas ""margaritas"" fueron repudiadas por dormir en la cama del adversario, sin ningún otro objetivo que el pago por sus servicios. En alguna ocasión, la justicia popular hizo mella: las ""margaritas"" de San Ángel fueron rapadas y ""selladas"" en castigo por su traición.

La ""Barragana de Aguascalientes"" fue otra de las famosas seductoras del siglo XIX. Una mujer que a sus debilidades y vicios ""agregaba un pacto con el demonio"". Según Luis González Obregón, a cambio de su alma, la barragana recibió hermosura tal, que ningún hombre podía resistir a sus deseos. Lo tuvo todo aunque a la hora de morir debió pagar el precio. Ya en los acalorados infiernos suplicó la ""gracia"" de poder pasear en coche por la Villa. Ni el mismísimo diablo pudo negarse a la ""barragana"" y le concedió rondar de la medianoche al amanecer. ""No faltaron muchos que aseguraban haber oído el ruido del coche y otros haber visto en él a la condenada cercada de llamas y demonios.""

En tiempos del Segundo Imperio, Maximiliano dedicó dos años de su gobierno para crear un registro de mujeres públicas. Parece que fue el general Bazaine, quien mortificado por las enfermedades que podían contraer sus soldados en las exóticas tierras mexicanas, conminó al emperador a reglamentar esta actividad. El registro de mujeres públicas conforme al reglamento expedido por el S.M. emperador recogió 598 fichas. Es posible que éste fuera el primer registro fotográfico, producto de un reglamento realizado por el propio Maximiliano en 1865. La foto de cada señora debían estar acompañada por el nombre, lugar de origen, edad, oficio previo, domicilio, forma de trabajo (independiente o en prostíbulo), enfermedades padecidas y categoría, dependiendo el sector social para el que trabajara.

Todavía bajo la sombra del águila imperial, en 1867 fue legalizada la prostitución. Desde entonces el gobierno obligó a las prostitutas a someterse a un examen médico. De junio a noviembre se presentaron entre 581 y 872 mujeres a revisión. También se creó un espacio en el Consejo de Salubridad y en el Consejo General de Beneficencia, adscrito al Hospital para prostitutas de San Juan de Dios (luego Hospital de Morelos y ahora Museo Franz Mayer), atendido por Hermanas de la Caridad y que funcionó hasta 1968.

La visionaria actitud del emperador dejó de lado el maniqueo dilema si las prostitutas eran un bien o un mal social, catalogándolas como un problema de salud pública. Quién hubiera imaginado en aquel tiempo que aún en nuestros días continuaría vigente el debate de si las llamadas mujeres ""perdidas"" son un ""mal necesario"" o simplemente son ""la salida pública del sexo"" -como ha dicho Carlos Monsiváis. Expuestas al escarnio y la ofensa, las ""barraganas"", ""meretrices"" o ""mujeres públicas"" han sobrevivido y bien vivido el paso del tiempo, y también tiene una historia que contar.