La portentosa locura de la muerte

La Nueva España - Vida Cotidiana

En 1792, un monje se introdujo por la puerta de la sacristía, vestido con un saco color ceniza, ""tan flaco, tan macilento y tan venerable en su aspecto, que parecía un esqueleto que acababa de salir de los sepulcros. Éste se fue encaminando con mucha gravedad y silencio hasta subir los escalones del púlpito, como dando a entender que tenía que decir al auditorio alguna cosa muy importante"". Esta historia es narrada por el fraile franciscano Joaquín Hermenegildo de Bolaños, del convento de Guadalupe, Zacatecas, en La portentosa vida de la Muerte, considerada como uno de los primeros intentos novelísticos en la Nueva España, escrita con afán moralizante para evitar que las nuevas diversiones, espectáculos, la vanidad, el lujo y las modas del siglo XVIII borraran entre los mortales el recuerdo de la Muerte.

Para escribir la vida y portentos de la Muerte -narrada por ella misma, mientras permanece sentada  en una silla poltrona, sirviéndole de cojín la osamenta de Mahoma, y ante un auditorio conformado por el Demonio y el Apetito-, se dice que Bolaños se inspiró en las danzas de la muerte de la literatura medieval española así como en las pesadillas quevedescas, aderezándola con ejemplos bíblicos, sentencias literarias, refranes del vulgo, pasajes humorísticos y algunas disquisiciones soporíferas, todo ello con el fin de ""dorarle la píldora"" al lector y así ayudarle a digerir un tema tan desagradable.

Pero existe además un modelo hasta ahora no reconocido en la obra de Bolaños que se percibe simplemente al observar las 18 láminas realizadas por Francisco Aguera Bustamante -precursor de Posada- para ilustrar el libro con diversos pasajes de la vida de la Muerte y compararlas con las ilustraciones de Hans Holbein realizadas más de dos siglos antes para la edición de 1515 del Elogio de la Locura (1511) de Erasmo de Rotterdam. En esta obra Erasmo presenta a la Locura en persona, ante una gran asamblea, con el propósito de hacer un elogio de sí misma, contando su vida y diversas manifestaciones, demostrándoles que nadie puede vivir sin ella, siguiendo la misma estructura literaria adoptada posteriormente por Bolaños para narrar el elogio de la Muerte.

Según Erasmo hay dos clases de Locura: la saludable, que es la verdadera sabiduría o el amor a la vida en su simplicidad, y la aparente sabiduría, que en realidad es pura locura, pues refleja la sapiencia artificiosa y árida de quien cree saberlo todo, salvo vivir y amar, donde se encuentra el origen de la estupidez de tantas empresas humanas. Para Bolaños, la Muerte también tiene dos caras: ""Es pésima, horrible y fea si se junta con el pecado. Es agraciada, peregrina y preciosa si se acompaña con la gracia. Es la puerta para el infierno y es la entrada para la gloria"".

La preocupaci?n de fray Joaquín Bolaños se ha visto recompensada, pues los mexicanos, a pesar de todo, no han olvidado a la Muerte. Pero el afán moralizador del fraile es lo que ha cedido, sin que Bolaños ni Erasmo lo imaginaran, ante el elogio de las dos caras de la Locura y la cara oscura de la Muerte que todos los días, y no solo el 2 de noviembre, celebran casi todos los mexicanos.