La Piedra del Sol

El siglo de la conquista - Hechos

El llamado Calendario Azteca o Piedra del Sol -ambos nombres imprecisos- es un monolito gigante de forma circular con 3.60 metros de diámetro y con un peso de 24.800 toneladas, tallado en basalto por canteros durante el gobierno del tlatoani mexica Axayácatl (1469-1481).

     Contrariamente a la forma en la que se exhibe actualmente en el Museo Nacional de Antropología de México, su posición original fue horizontal (evidencia de su diálogo permanente con el cielo) y sus colores predominantes fueron el rojo -la sangre- y el amarillo ocre -el fuego solar-.

      Es probable que hubiera ocupado un lugar frente a Tezcatlipoca en el templo mayor de Tenochtitlan y que en su centro -un sol sediento mostrando una lengua asociada al cuchillo sacrificial- fuera depositario ofrendas de sangre.

     La Piedra del Sol fue hallada en 1790, durante la realización de unas obras hidráulicas en la Plaza Mayor, donde probablemente los militares españoles la enterraron en los días posteriores a la guerra de Conquista, a unos cuantos metros del sitio donde se acababa de exhumar entre el asombro y el horror a la Coatlicue, la diosa de la muerte, despertando un interés inusitado entre académicos y eruditos de la última etapa del Virreinato e iniciando un periplo que pasaría por los muros exteriores de la catedral metropolitana, el Museo Nacional Mexicano y que culminaría con su incorporación como pieza maestra al Museo de Antropología en 1964. A su vez, la Piedra del Sol juega un papel clave al representar un momento inaugural de la arqueología mexicana.

      El llamado Calendario Azteca es un monumento solar en que se cifran las edades cósmicas o soles por los que ha transitado la humanidad, cinco en total, donde cada uno de ellos tiene un principio y un fin -un inicio y un término determinado por las fuerzas divinas-; representación que culmina en acontecimientos simultáneos: la muerte del Cuarto Sol por viento, la transmutación de los hombres en monos y el nacimiento del Quinto Sol (Nahui Ollin), marcado por el nacimiento de los hombres y el maíz, era que concluirá, de acuerdo con la profecía, por fenómenos terrenales.

       Este gran disco de piedra no es un calendario ni una escultura del Sol, sino el registro de un acontecimiento mítico que sus autores quisieron llevar a la posteridad, un fechamiento petrificado que refleja los movimientos astrales correspondientes a 1479 -Año Trece Caña o Trece Ácatl, según la cronología mexica-, cumplimiento de un ciclo que se celebraba cada 52 años para recordar el nacimiento de Tonatiuh (dios solar cuyo nombre  ha tenido varias interpretaciones: ""el que va alumbrando"", ""el que hace los días"" o ""el niño esplendoroso"".