La música vernácula

Música - Obras

Por Claudia Espinoza

México es un país que lleva la música en su calle, por la que es fácil encontrar marimbistas, guitarristas, salteristas, tamboreros, cantidad de artistas que se ganan la vida haciendo sonar sus instrumentos, a media mañana, cerca de lugares o en colonias concurridas; se presentan en los restaurantes, ocupan las aceras, intentando amenizar la estancia de los comensales. Entre todos ellos, los más populares son sin duda: los mariachis, pero no siempre fue así.

El mariachi tiene sus antecedentes en el prehispánico mitote. En la colonia se conoció como fandango, y antes de la primera mitad del siglo XIX, en la vida nacional de México alternaría con la bulla fandanguera. Durante mucho tiempo, el mariache era mal visto en la ciudad. Fandango, mariache o mariachi comprendían la variedad instrumental usada para ejecutar y componer música. Cuyos elementos variaban: solista de arpa, jarana, bandola. Dúo de arpa y violín, guitarra y violín, etc.

Ya en el siglo XX, comenzó la fama de uno de los lugares que aún hoy en día convoca a un numeroso público: la Plaza Garibaldi. Hacia 1919, la prensa capitalina apuntaba que en la entonces llamada “Plaza de la Pila Seca” se reunía un grupo de músicos de Jalisco, originarios de Cocula, que recorrían las calles de la ciudad entonando canciones. Para 1921, la Plaza fue rebautizada con el nombre de Plaza Garibaldi honrando la memoria de Giuseppe Garibaldi, nieto del héroe italiano, que se incorporó a la Revolución y peleó al lado de Madero en 1911.

Aunque el concepto de los mariachis ya tenía éxito, no fue sino hasta la campaña presidencial de Lázaro Cárdenas, que se popularizó, debido a que el General echo mano de lo que consideraba “una expresión propia de la mexicaneidad”, para ganar la simpatía de los votantes. El mariachi, antes vilipendiado, ahora se presentaba en eventos de campaña, en galas y ante círculos de poder.

A decir de los propios músicos, este oficio puede llegar a ser muy infeliz o muy gratificante. No solo por la poca certeza económica del trabajo, sino por la posibilidad pasar del amor en las serenatas, a las despedidas en un funeral. Los mariachis celebran el amor y el odio, la vida y la muerte y su día el 22 de noviembre, dedicando la música a su santa patrona, Santa Cecilia.