Una imagen vale más que mil palabras

La revolución - Hechos

Al conmemorarse el centenario de la Revolución en 2010, hubo una revisión historiográfica sobre el proceso como no la había desde las décadas de los 60 y los 80. Ello arrojo una cantidad de novedosas interpretaciones, que permiten contemplar el movimiento desde otros enfoques y con otros resultados. 

    Algunas de estas metodologías ya habían sido utilizadas como herramientas historiográficas, como la fotografía, pero a partir de este nuevo revisionismo, han cobrado mayor importancia. Intentar incorporar un aparato teórico a cualquier proceso, puede resultar riesgoso, pues necesariamente, dicho proceso tiene que ser tratado comparativamente con modelos ya establecidos.

    En el caso de la Revolución de 1910, esta noción de actualizar ""un determinado estado de cosas con respecto a cambios de reforma que están presentes en el mundo"" se puede aplicar a muchos factores, tomando como modelos el liberalismo europeo y el progresismo norteamericano de principios del siglo XX. Por ejemplo, lo que se ha llegado a conocer como ""propaganda revolucionaria"". Acción por la cual, los ejércitos revolucionarios realizaban acciones propagandísticas para darse a conocer entre ellos mismos y para dar a conocer las causas de su movimiento, utilizando la fotografía de sus líderes, acciones de guerra, carteles, anuncios y el incipiente cinematógrafo, por mencionar algunos. 

    En 1909, durante una gira electoral por el estado de Chihuahua, Francisco I. Madero fue perseguido por las autoridades corralistas. La policía municipal fue azuzada con aguardiente con el fin de enardecer los ánimos contra Madero. Los principales hoteles le negaron el hospedaje a él y a su comitiva. Un carnicero los alojó cuando una turba enardecida los había acorralado. De ahí salieron para esconderse en la casa de un pariente del fotógrafo Jesús H. Abitia.  A pesar de la clandestinidad nunca conciliaron el sueño. Prueba de ello, las placas fotográficas que les tomo Abitia. Al otro día por la mañana, ocultos en una carreta fueron transportados a la estación del ferrocarril, dirigiéndose a Estados Unidos y con ello, salvando su vida.

    Después de la muerte de Madero en 1913, aquella memorable imagen, con la ropa desaliñada y la barba crecida, fue utilizada por el Ejército Constitucionalista, repartida como estampa entre las tropas, para dar a conocer la imagen del mártir revolucionario. Y más aún, el retrato fue impreso en una de las caras de los billetes del constitucionalismo. Por lo demás, la acción modernizadora revolucionaria se había puesto en marcha.