La Guerra de los Pasteles y la pierna de Santa Anna

La época de la anarquía - Hechos

La anarquía imperaba en el país. Habían caído gobiernos, la Guerra de Tejas era una afrenta para los militares mexicanos, a causa de la derrota de San Jacinto, Santa Anna había caído en desgracia y pasaba sus días cuidando de sus gallos en Manga de Clavo, mientras el presidente Anastasio Bustamante debía enfrentar las presiones comerciales y diplomáticas de Francia. Esta nación, inmersa en una política de expansión comercial y en un desarrollo industrial acelerado, buscaba establecer contratos favorables para sus élites económicos. Para lograrlo recurrió a la presión militar y al bloqueo naval. Francia, como antes lo había hecho en Argentina y el Uruguay.

Como pretexto para la invasión, el barón Deffaudis, ministro del rey Luis Felipe, demandó la destitución de las autoridades que atentaron contra súbditos franceses la indemnización a los deudos de franceses fusilados o muertos en México, otros tantos pesos para pagar la cuenta a un repostero francés por los pasteles que se comieron unos militares al servicio de Santa Anna. Total: seiscientos mil pesos. Además se exigió también que México diera a Francia el trato de nación más favorecida en lo referente al comercio, que los jueces traten con consideración a los franceses en lo relativo a pleitos de dinero y otras cosas por el estilo. Al momento en que el gobierno mexicano negó a aceptar dichas demandas, el bloqueo naval sobre Veracruz fue declarado, el 16 de abril de 1838.

El bloqueo se extendió por siete meses. El jefe de las tropas en Veracruz, Manuel Rincón, diligente, preparó pertrechos y alistó tropas para el combate, pero carecía de recursos. Por el contrario, la flota francesa se reforzó con fragatas y cañoneros. El nuevo jefe de la división, el contraalmirante Charles Baudin, extendió un ultimátum, a más tardar el 27 de noviembre debían ser atendidas las demandas francesas o de lo contrario: la guerra.

El 27 de noviembre inició el bombardeo francés sobre Veracruz, la primera guerra contra Francia. La destrucción se extendió por el puerto y la población. Ante el intento de pactar e incluso de capitular, el presidente Anastasio Bustamante llamó a los jefes de Veracruz para someterlos a un consejo de guerra, declaró la guerra a Francia, nombró a Antonio López de Santa Anna comandante de las tropas mexicanas y le ordenó tomar la ofensiva. Santa Anna, en su campo, motivó a la tropa, se reconcilió con Mariano Arista y a través de la diplomacia logró pactar un armisticio con los militares franceses.

Como en San Jacinto, a Santa Anna lo sorprenden las tropas enemigas durmiendo. Cerca de mil franceses desembarcan en un intento de castigar al general mexicano. En una rápida incursión aprehenden a Mariano Arista, matan soldados mexicanos, incendian casas y destrozan muebles al grito de ""¡Vive le Roi!"", ""¡Vive la France!"" Santa Anna puede huir del asedio francés, reorganiza sus tropas, levanta la moral, motiva a los soldados, y recupera algunos baluartes y las posiciones tomadas por los franceses. Estancados en una calle, las fuerzas mexicanas y las francesas se tirotean por más de tres horas. De un barco francés suena la orden de reembarco, al intentar cortar la retirada, Santa Anna organizó una columna de 300 hombres que a bayoneta calada se arroja sobre los soldados extranjeros. Sin notarlo Santa Anna, un cañón protegía la retirada de los franceses. Al escupir su metralla caen muertos y heridos, Santa Anna perdió en esta acción su pierna.

Herido, sangrante y al borde de la muerte, Santa Anna informa de la victoria obtenida al ""obligar"" a los franceses a embarcarse de nuevo. Al día siguiente, 6 de diciembre, a las once de la mañana le amputaron la pierna abajo de la rodilla, sin anestésico. México y Francia firman la paz mediante la intercesión de Inglaterra, los franceses devuelven las charreteras de Santa Ana, el gobierno de Bustamante lo condecoró por sus acciones valerosas y, a su tiempo, los mexicanos lo bautizarán como Quince Uñas.