La fortaleza de las Atarazanas

Arquitectura

En la actual avenida Circunvalación, al oriente, donde se encontraba el pueblo llamado La Candelaria de los Patos, en los terrenos donde se encuentran el templo y la garita de San Lázaro, ahí se edificó la primera construcción española de la ciudad de México luego de la caída de Tenochtitlan: las Atarazanas.

La fortaleza fue edificada sobre un antiguo adoratorio. Las ruinas de Tenochtitlan aún eran visibles cuando se inició su construcción. Estaba localizada en la garita de San Lázaro y su acceso desde la plaza mayor era a través de la extensión, hacia el oriente, de la actual calle de Guatemala. De acuerdo con el historiador don Edmundo O’Gorman, la fortaleza aparece en el plano atribuido a Cortés (1524), señalada por una torre que ostenta el nombre de Templum ubi orant. El edificio era conocido como las Atarazanas y fue quizá la primera construcción española levantada sobre los restos de la ciudad imperial de los aztecas.

Las razones de Cortés para hacerla construir fueron muy claras: ""Puse luego por obra, como esta ciudad se ganó, de hacer una fuerza en el agua, a una parte de esta ciudad en que pudiese tener los bergantines seguros, y desde ella ofender a toda la ciudad si en algo se pudiese, y estuviese en mi mano la salida y entrada cada vez que yo quisiese…"" 

En el embarcadero de las Atarazanas, Cortés atracó los trece bergantines utilizados durante el sitio de Tenochtitlan. En el interior de la fortaleza se almacenaron los pertrechos propios de sus naves y las piezas de artillería. En caso de una revuelta indígena, los españoles podrían refugiarse en las Atarazanas y huir de la isla abordo de los bergantines.

Aunque la calzada de Tacuba, en su extensión hacia el oriente, conducía a la fortaleza de la Atarazanas -estaba tan bien trazada que alcanzaba a divisarse desde la actual calle de Monte de Piedad-, la zona poniente de Tacuba fue una de las primeras en poblarse, lo cual provocó que las Atarazanas quedara aislada.

Hacia 1535, año en que llegó a gobernar la Nueva España el primer virrey, don Antonio de Mendoza, la fortaleza seguía dando de qué hablar. Una importante disminución en el nivel de las aguas del lago evidenció un severo problema en las Atarazanas: los bergantines no podían zarpar. Tal situación llevó a las autoridades virreinales a considerar la conveniencia de trasladar la fortaleza a la calle de Tacuba pues ""era la que más convenía que estuviese guardada"".

Con el paso de los años la ciudad comenzó a mostrar visos de normalidad. La amenaza indígena desapareció frente al mestizaje, la evangelización y el poder de las espadas españolas. Hacia la década de 1550, las Atarazanas seguía en el mismo lugar donde décadas atrás había sido levantada. Incluso los bergantines utilizados por Cortés, permanecían atracados en el embarcadero ""tan enteros como cuando se hicieron"". Sin embargo, la fortaleza se encontraba en ""estado ruinoso"" y ""toda apuntalada"". La construcción permaneció en pie hasta las primeras décadas del siglo XVII. Su paulatino deterioro era símbolo de que la seguridad reinaba finalmente en la capital novohispana.