La arquitectura de Antonio Rivas Mercado

Arquitectura

En septiembre de 1889 el periódico El Siglo XIX publicó una brevísima nota anunciando que el arquitecto Antonio Rivas Mercado había sido comisionado para asistir a la exposición de París, con el fin de hacer observaciones meticulosas sobre los adelantos científicos, agrícolas, mineros y culturales que pudieran ser adaptados a las condiciones del estado de Guanajuato. En ese tiempo, el gobierno porfirista estaba plenamente consolidado y la élite mexicana tenía su mirada puesta en Francia, que era el modelo a seguir en cuestiones artísticas y culturales.

El afrancesamiento fue una política de Estado, y el arquitecto Rivas Mercado fue uno de los más notables exponentes de este modelo. Él nació en Tepic, Nayarit en 1853, en una familia de la élite local y recibió una educación en el extranjero desde los once años de edad, cuando sus padres lo enviaron a Inglaterra. Después continuó sus estudios de arquitectura en París, en la Escuela de Bellas Artes École des Beaux-Arts y de ingeniería en la Sorbona; a su regreso a México no tuvo dificultades para desarrollarse, sobre todo por el respaldo que obtuvo al ser poseedor de un bagaje cosmopolita, que en la época se consideraba el más indicado para apuntalar la creación cultural e intelectual. Así, desde la arquitectura desarrolló ampliamente los preceptos arquitectónicos aprendidos en Europa, y su obra es un elaborado ejemplo de las cualidades estéticas porfiristas.

Sus hermanas Juana y Leonor contrajeron matrimonio con Javier e Ignacio Torres, que eran hijos del hacendado don Ignacio Torres Adalid, quien poseía inmensas propiedades dedicadas al negocio pulquero y fue uno de los mexicanos más ricos hacia finales del siglo XIX. Éste encomendó la construcción de su casa a Antonio, quien recién se había instalado en México; así en 1884 dio inicio la construcción de una gran mansión frente a la Alameda Central de la Ciudad de México, primer proyecto habitacional urbano del arquitecto nayarita quien ya había intervenido el casco de la hacienda pulquera de San Antonio Ometusco en Morelos en 1879, que también era propiedad de la familia Torres Adalid.

En poco tiempo su trabajo fue ampliamente reconocido, y con las influencias francesas a flor de piel ganó el concurso de remodelación de la fachada del Palacio Nacional en 1889, y tres años después fue llamado por el ex presidente Manuel González para colaborar en la finalización del Teatro Juárez de Guanajuato, cuyas obras había iniciado bajo la batuta del arquitecto José Noriega y el ingeniero Alberto Malo. Antonio Rivas concluyó el proyecto y modificó la planeación original con la inclusión de elementos tomados de diversos estilos, lo que dio por resultado un edificio ecléctico que el presidente Porfirio Díaz inauguró en 1903. Actualmente el Teatro Juárez es uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad de Guanajuato, y uno de los escenarios centrales del Festival Internacional Cervantino.

Otra de las colaboraciones más representativas de Rivas Mercado en la arquitectura mexicana fue la columna del Ángel de la Independencia, que fue diseñada a petición de Gonzalo Garita, Secretario Comunicaciones y Obras Públicas. El modelo proyectado por Rivas Mercado se difundió a todo el mundo a través de la revista L?Architecture, diario semanal de la Sociedad Central de Arquitectos Franceses, en donde se le dedicó un amplio artículo en el año 1900. Para el gobierno mexicano esta obra era ?realmente artística, bien estudiada en el conjunto y en el detalle; su conjunto forma un todo armonioso y poderoso?.

Mientras se concluía esta obra fue nombrado director de la Academia de Arte de San Carlos, cargo que ocupó entre 1903 y 1912. En este periodo vivió el estallido revolucionario que trastocó al país y también influyó a los estudiantes. El pintor José Clemente Orozco, quien era alumno de esa institución en este periodo, escribió en sus Memorias sobre el motín y la huelga estudiantil entre 1911 y 1913, en la que los estudiantes apedrearon al director Rivas Mercado y exigieron su renuncia; después de este episodio, en un contexto de renovación en todos los ámbitos, el afamado arquitecto Antonio Rivas Mercado salió del país y regresó hasta 1926, aunque sólo radicó un año más en México pues falleció el 3 de enero de 1927 a la edad de 74 años.

Otras de sus obras son la escuela de Chapingo, la Hacienda de Tejacete en el estado de Hidalgo, la mansión del General Manuel González en la colonia Peralvillo, el edificio para la Aduana en Santiago Tlatelolco, la casa del periodista Don Vicente Gracia Torre, la decoración de la Sala Panamericana del Palacio Legislativo, y la readaptación de la casa de la hacienda de Chapingo. Además su casa ubicada en la calle Héroes 45 de la colonia Guerrero, la cual es un ejemplo del eclecticismo propio de su estilo.

Su obra arquitectónica es un importante legado que muestra el ímpetu del porfirismo por colocar su producción artística al nivel de las escuelas europeas, que fueron guía y referente de la cultura nacional para la élite.