Julián Carrillo, el desintegrador del átomo musical

Música - Obras

Han pasado más de 100 años desde que Julián Carrillo empezó la “revolución musical del Sonido 13”.  Fue en su etapa de estudiante cuando comenzó su interés sobre las divisiones longitudinales de las cuerdas y los sonidos que se producían en cada división.  La curiosidad lo conminó a una exploración musical nunca antes realizada ni en nuestro país, ni en el mundo.

“La idea bullía sin cesar en mi cerebro hasta que se me ocurrió abandonar el método tradicional…”, escribió, “empecé a dividir el intervalo de un todo que va de la nota de sol a la cuarta cuerda suelta del violín hasta llegar a la […], pude oír clara y distintamente dieciséis tonos diferentes, es decir, dieciseisavos de tono”.

Carrillo dedicó su vida a búsqueda de un sonido creado en una escala diferente. “el venerable de la música mexicana […]. –lo describía la revista Times en 1964-, “ha deshecho y vuelto a construir nuestra escala cromática, tanto que nos sentimos tentados a llamarlo el desintegrador del átomo musical […], esta es la más grande y sorprendente revolución musical desde que Terpandro hace veintiséis siglos aumentó en Grecia dos notas a la escala pentafónica de los chinos”.

La música que conocemos comprende 12 sonidos, los microtonos que Carrillo descubre entre ellos le abrieron la puerta a un enigma sonoro, calificado en su momento como música extraña y futurista, que causó gran polémica: fue acusado de provocar  desde abortos, hasta locura en animales, se decía que los pájaros se azotaban en sus jaulas y los peces saltaban de sus peceras al escucharlo.

En una ocasión, David Espejo, alumno del maestro Carrillo, se presentó a tocar el sonido 13 en un programa de televisión. Las llamadas del público y el escándalo fueron tales, que recibió una segunda invitación por parte de Guillermo Ochoa, a la que acudió en compañía de Dolores Carrillo, heredera del músico, quienes propusieron, en defensa del Sonido 13, realizar un concierto en la Facultad de veterinaria de la UNAM. Ante una concurrencia de varios animales, acompañados del director de la Facultad, Espejo interpretó un concierto con su arpa microtonal. Haciendo constar ante un notario público que la concurrencia tanto animal, como humana, no mostró ninguna alteración.