"Eras tú la cosa que andaba buscando": Rulfo

Literatura - Personajes

Alejandro Rosas

Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno nació en Sayula, Jalisco en 1917. Su infancia quedó marcada por la guerra cristera –en una región profundamente conservadora- y por la temprana orfandad a los 10 años de edad. Errante en sus estudios, hacia 1936 asistió de oyente a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Encontró entonces su vocación en las letras.

          Clara Aparicio se cruzó en su camino, en Guadalajara, cuando ella tenía 13 años de edad y Juan alcanzaba los 24. La diferencia de edades y la distancia pusieron tierra de por medio, pero el joven Rulfo supo que aquella adolescente que apenas dejaba la infancia, era la mujer de su vida.  Después de varias pesquisas para averiguar quién era, dónde vivía, cómo era su familia, en 1944 Juan pudo acercarse a su futura “mujercita” –como en ocasiones se refería a ella-. A sus 16 años, Clara fue muy claridosa y le dijo que debía esperar 3 años más para poder iniciar un noviazgo.

          Con la promesa de la felicidad en ciernes, Juan se dedicó los siguientes años a escribir por partida doble: una serie de cuentos -en 1945 publicó el primero, La vida no es muy seria en sus cosas, en la revista América- e innumerables cartas a Clara. Al año siguiente se estableció en México por tiempo indefinido y comenzó a trabajar en Goodrich Euzkadi –la escritura no era suficiente ni para vivir modestamente-. Su gusto por la escritura lo combinó con otras aficiones: la fotografía y la caminata.

          A pesar de ciertos problemas económicos, Juan y Clara se casaron en abril de 1948. Antes que las letras, su “venerada” mujer fue su gran pasión. “¿Qué jugo me diste? Porque este amor ya pasa de lo puramente humano”; “…eres la única cosa por la cual lucharía”; “No se te olvide que hay alguien para quien eres todo”  –le escribió una y otra vez.

          Al lado de Clara, Juan encontró la tranquilidad para dejar fluir su talento que plasmó en sólo dos obras. En 1953 publicó El llano en llamas, dos años después, Pedro Páramo, considerada una de las grandes obras de la literatura contemporánea.

          Con el tiempo, llegaron los hijos, Claudia Berenice, Juan Francisco, Juan Pablo y Juan Carlos. A pesar de su éxito y los reconocimientos que comenzó a recibir en México y el extranjero, Juan Rulfo y su familia vivieron de una manera sencilla. Desde 1941, Juan se había prometido estar con Clara hasta el último día de su vida. Cuando falleció en 1986, su esposa seguramente recordó una de aquellas amorosas cartas:

          “Como te lo explique un día: cuando te vi pequeñita y pelona con tu cara de quiebraplatos…, allá supe enseguida que eras tú la cosa que yo andaba buscando. Y desde entonces he estado pensando en ti constantemente, como si fueras un hermoso sueño que no se acabará nunca, hasta que yo deje de vivir”.