José Revueltas: el viejo barbas de chivo

La época de las crisis - Hechos

""¡Bajen a ese viejo barbas de chivo!"" Tal fue el grito de un joven acelerado en una de las asambleas maratónicas del movimiento estudiantil de 1968. José Revueltas había subido al estrado para leer algunas reflexiones sobre la Universidad, la democracia cognoscitiva y el movimiento estudiantil. Al momento los representantes estudiantiles interrumpieron su cavilación, demandaron su silencio y festejaron su retirada. Expulsado y ofendido, José Revueltas siguió como consejero del ala radical del movimiento del 68, aconsejó y motivó a los delegados de avanzada, al ser apresado aceptó ser el responsable intelectual de la revuelta, en prisión escribió uno de sus obras más celebradas: El apando.

José Revueltas era representante de la vieja guardia estalinista, pero fue rescatado por la nueva izquierda que nació con el 68. En un relevo generacional, el movimiento estudiantil de 1968 barrió con la forma de vivir y entender la izquierda, esto a pesar de las evidentes continuidades con la de viejo cuño. Los hechos del 68 evidenciaron a una izquierda estancada, tanto el Partido Popular Socialista de Vicente Lombardo Toledano como el Partido Comunista fueron censurados y atacados por los jóvenes, también se les acusó de prestarse al juego del sistema y los señalaron como comparsas del Estado priista. Además, los líderes y la base del movimiento desconfiaron de las personas mayores de 30 años, así como de los intelectuales a sueldo del gobierno o de los simpatizantes de Moscú. Muchos estudiantes comunistas escondieron su afiliación y, con posterioridad al 2 de octubre, los líderes rojos fueron señalados como traidores y vende huelgas.

José Revueltas era un teórico y militante en busca de movimiento. Había participado en todos los organismos de izquierda, su militancia comunista la había iniciado a los 15 años, visitó dos veces las Islas Marías durante el Maximato, fue expulsado en 1943 del PC, después se integró al Partido Popular en 48 y, a la muerte de Stalin, se reintegró al PC para ser expulsado de nueva cuenta por sus posturas de avanzada. Sus camaradas siempre criticaron su literatura y sus escritos políticos, negaron veracidad a sus personajes y reprocharon sus tramas. Su tercera novela, Los días terrenales, es una obra antiestalinista en la forma y en el fondo. Nada más alejado del realismo socialista ni de los incensarios en boga por aquéllos tiempos. Fue una figura incómoda para la izquierda mexicana y uno de sus críticos más conspicuos, esto a pesar de que Revueltas fue un ferviente estalinista hasta la muerte del líder soviético.

Después del lapsus en la asamblea estudiantil, el viejo barbas de chivo se convirtió en una de las figuras más importantes en la izquierda mexicana. La editorial Era rescató sus trabajos y los editó en unas Obras completas que siguen leyéndose. La Academia, a la que Revueltas nunca perteneció, analiza su obra con frecuencia y lo honra ya con coloquios y ediciones conmemorativas. La generación del 68 y las subsecuentes lo recuerdan como un personaje lleno de contradicciones, inmerso en sus demonios internos, obsesionado con la teoría marxista, las citas de Marx y Engels y con la revolución socialista. Al aceptar su ""responsabilidad intelectual"" del 68, vivir en la Facultad de Filosofía y Letras durante el movimiento y correr la surtes de líderes y estudiantes detenidos, Revueltas alcanzó el reconocimiento que no tuvo en vida, su obra fue compilada y lectores de nuevas generaciones se apropiaron de sus ideas, posturas y combates. De escritor maldito se convirtió en referente principal de la vieja guardia estalinista. En vida amó y odió al régimen soviético, aplaudió y denostó a Stalin, fue colaborador de Lombardo Toledano, después su antagonista teórico, colaboró con el régimen posrevolucionario, pero también lo censuró. Fomentó el radicalismo en el movimiento estudiantil e incluso su funeral se convirtió en un mitin anti gobierno. Como el resto de la vieja guardia estalinista, Revueltas fue disciplinado, congruente y, hasta podría decirse, fanático, pero cuestionó a través de la literatura y la política el orden estalinista, primero con sus novelas, después con sus actos. Nunca dejó de creer, como toda su generación, en la posibilidad de la Revolución socialista. La buscó en sus trabajos literarios, en su militancia política y ha alentado a las nuevas generaciones para seguir en su búsqueda.