Jaime Sabines y el amor

Literatura - Personajes

Alejandro Rosas

Nacido en Tuxtla Gutiérrez, el 25 de marzo de 1926, Jaime Sabines transformó en poesía el lenguaje cotidiano, los sentires de la vida diaria y la sencillez de las cosas comunes. Josefa Rodríguez Zebadúa, “Chepita”, fue su musa.  Se conocieron desde pequeños. Entre sus familias existían viejos lazos de parentesco y amistad. Su primer recuerdo se remontaba a la infancia, cuando tenían diez u once años. Jaime la veía como una “güereja entrometida”; Chepita “un niño grosero y orgulloso”.

          Se reencontraron en la ciudad de México al ingresar a la Universidad, Jaime se inscribió en la facultad de Medicina y Chepita en la de Odontología y ahí comenzó formalmente la historia de su amor. El futuro poeta dejó la carrera luego de 3 años de estudios y aunque por momentos no coincidieron en el mismo lugar  –cuando ella estaba en la ciudad de México, él estaba en Chiapas y viceversa-, recurrieron a la correspondencia para mantenerse unidos. 

          “Quisiera estar junto a ti, para decir sobre tu oído –escribió Sabines-: te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, y repetirlo constantemente, infinitamente, hasta que te cansaras tú de oírlo pero no yo de pronunciarlo. ¿Cómo marcártelo a un brazo? ¿Cómo sellártelo en la frente? ¿Cómo grabártelo en el corazón? Escúchalo otra vez, te quiero. Y déjame soñar contigo indefinidamente… ¡Si supieras cómo ya eres mía hasta la muerte!”. “Tu amor, mi amor, es eje, centro, causa y efecto. Principia y termina en sí mismo. Es, como la existencia, un círculo; como la  muerte, como el olvido”.

          Se escribían casi cotidianamente. A Jaime le gustaba saber todo acerca de Chepita: sus pensamientos, qué hacía en el tiempo libre, cómo estaba de ánimo, sus actividades por más sencillas que fueran. Cuando no recibía carta de Chepita le entraba la melancolía y las amenazas del corazón: “Si tú no me escribes, yo tampoco lo haré”. Por momentos, la distancia entre Chiapas y la ciudad de México, demostró que el amor de lejos… tenía sus inconvenientes. Desaveniencias, pequeños malentendidos, algo de molestia asomaba en sus letras. En una ocasión, Jaime no recibió carta de Chepita en una semana: 

          “Yo no voy a pelear contigo –le advirtió a su novia-. Si los amores de lejos son el de estarse peleando por carta, es el summum de la estupidez.  Por eso no voy a estarte reprochando nada, ni haciéndote súplicas y peticiones. Simplemente voy a dejarte de escribir. Desde ahora voy a dejarte de escribir”. Pero no tardaba en volver sobre sus pasos: “Ya ves, soy puro hablador: dije que no te escribiría más, y a penas a los 5 días me encaramo sobre el papel y empiezo: ‘mi Chepi linda’.” Su amor resistió la prueba de la distancia y en su caso, fortaleció la relación.

          En 1952, una vez terminada su carrera en la Facultad de Filosofía y Letras, Sabines regresó a Chiapas. Un año después llegó la boda con su querida Josefina, con quien tuvo cuatro hijos: Julio, Julieta, Judith y Jazmín. Los anhelos de Jaime se hicieron realidad: “Josefa de Sabines: Amor mío quiero amanecer contigo todos los días de mi vida”.

          Luego de la muerte del poeta, el 19 de marzo de 1999, Chepita comentó: “Ahora que hago cuentas, siete años de noviazgo, cuarentaséis de matrimonio, desde bebés casi, pasamos toda la vida juntos hasta su muerte”.