Los antiguos pobladores del Valle de México

El siglo de la conquista - Hechos

Los arqueólogos han fechado asentamientos humanos a las orillas de los grandes lagos del Valle de México desde fechas tan lejanas como el 1500 a. c. Estas sociedades agrícolas, sedentarias, perfeccionaron sus técnicas de siembra y diversificaron sus cosechas gracias a la abundancia de agua. Su tecnología incluyó el uso de cerámica, textiles, el dominio de la piedra pulida, también transformaron los huesos de animales en utensilios suntuarios. Estos primeros habitantes recurrieron también a la caza, la recolección y la pesca. Entre los animales que podían encontrar en el valle se encontraban ciervos, osos, jabalíes, pumas, roedores, aves, tortugas. Los animales domésticos, perros, guajolotes y patos, completaron la alimentación de estos pobladores.

Al paso de cinco siglos, la influencia olmeca se hizo sentir en el Valle de México. En Tlatilco, las excavaciones han encontrado figurillas, cerámicas y objetos con características olmecas. Las mujeres de Tlatilco, a juzgar por las representaciones artísticas, se pintaban el cabello y el cuerpo de amarillo, rojo y azul. También empezaron a usar cuentas de jade, orejeras de piedras preciosas, pulseras, collares y se tatuaron para acrecentar su belleza. En comparación con las aldeas primigenias, Tlatilco, Tlapacoya y Ticomán representan un paso adelante en el desarrollo urbano y el arribo de nuevos contingentes humanos al Valle de México. Estos asentamientos indican una nueva organización política y una base económica más estable. Ante sequías más acentuadas y el descenso del nivel de los lagos, estas sociedades desarrollaron nuevos sistemas de siembra: por irrigación mediante canales artificiales y el uso de chinampas.

La densidad demográfica demandó cosechas más intensivas, comercio con otras sociedades, una estratificación social y, finalmente, el establecimiento de ciudades con grandes monumentos ceremoniales. Cuicuilco, ciudad-estado y centro ceremonial en el sur de la ciudad de México, dominó a las poblaciones aledañas durante el preclásico (700 a. C.-150 d. C.) hasta su destrucción por la erupción del volcán Xitle. Sus habitantes practicaron la deformación craneana y la mutilación dental.

En el valle de México también se asentó la primera civilización plenamente urbana: Teotihuacán. Ignacio Bernal afirma que en su apogeo alcanzó los 200 mil habitantes, provenientes de diversas regiones de Mesoamérica, y contó con una extensión de 32 kilómetros cuadrados. La importancia de esta urbe, con su arquitectura megalítica, sus barrios de comerciantes, un trazo urbano equilibrado con los monumentos y las montañas que la rodean, fue tal que los mexicas, siglos más tarde cuando la encontraron en ruinas, establecieron allí el origen del universo.

Invasiones chichimecas, tribus-guerreras nómadas provenientes del norte de Mesoamérica, destruyeron la ciudad, dispersaron su población y establecieron el culto a Tezcatlipoca, divinidad que demandó la intensificación de sacrificios humanos. A la caída de Teotihuacán, Tula se erigió como la principal urbe del centro de México, y según Paul Kirchhoff los mexicas fueron uno de sus pueblos tributarios, de allí que los mexicas se hayan reconocido como herederos de las glorias toltecas al apropiarse de mitos, elementos arquitectónicos y culturales propios de los toltecas, como el culto a Tezcatlipoca.

Aunque las referencias están a medio camino entre el mito y la historia, los historiadores y arqueólogos concuerdan en que después de una larga migración, que incluyeron asentamientos temporales en lugares como Tlamaco, Apaxco, Pantitlán, Tenayuca, Azcapotzalco, entre otros muchos, los mexicas se establecieron por unos 40 años en Chapultepec. Hostilizados por los pueblos vecinos, de ascendencia tolteca y con una cultura superior, los mexicas terminaron por imponerse a sus vecinos mediante la guerra y las alianzas, pero también ellos absorbieron de manera gradual los elementos culturales toltecas.

El 13 de abril de 1325, fecha de la fundación de México Tenochtitlán según varios cronistas, ocurrió un eclipse total de Sol. Los gobernantes y sacerdotes recurrieron al mito de la fundación divina de la ciudad para generar un sentido de pertenencia entre los habitantes y señalar objetivos mayores para el pueblo mexica. Al pensarse como un pueblo elegido, los mexicas perfeccionaron sus habilidades guerreras, construyeron una ciudad en medio del agua, transformaron su entorno y dominaron un amplísimo territorio hasta la llegada de los españoles, dos siglos después.

El Valle de México, lugar estratégico por sus grandes lagos, recursos diversos y ubicación, fue una región vital para el desarrollo de la civilización mesoamericana. Sus grandes ciudades, Cuicuilco, Teotihuacán, Tula, Tenochtitlán, ejercieron un control político y religioso que se extendió hasta los confines de la zona cultural. Desde el centro de la laguna, los mexicas, herederos de las glorias pasadas y motivados por mitos bélicos, iniciaron la conquista de poblaciones aledañas y remotas. Este mismo afán bélico y sus propias creencias determinarían de igual modo su colapso. Sobre las ruinas de México Tenochtitlan se irguió una nueva ciudad con características europeas. Las esculturas, los adoratorios y los edificios prehispánicos fueron utilizados como cimientos en la nueva traza urbana. De igual modo, los mexicanos mantenemos enterrada y escondida nuestra herencia cultural prehispánica, pero al igual que los descubrimientos arqueológicos, ésta surge de improviso en nuestra conducta cotidiana.