La Fundación de la Universidad de Guadalajara

La Nueva España - Hechos

Hacia finales del siglo XVII Guadalajara ya se había consolidado como una de las ciudades más importantes del imperio español, pero no contaba con una Universidad. La única que existía era la de la Ciudad de México en Nueva España, lo que implicaba un problema de traslado y estancia para los estudiantes, además de que en ocasiones éstos ya no volvían a su ciudad natal. Por eso se emprendieron varios esfuerzos por lograr la fundación de una Universidad en esta ciudad de la Nueva Galicia. La primera iniciativa surgió de fray Felipe Galindo Chávez, quien envió su petición a Carlos II; sin embargo no obtuvo respuesta y tuvieron que pasar muchos años para que este anhelo por fin se cristalizara.

A mediados del siglo XVIII don Matías de la Mota nuevamente realizó la petición a las autoridades reales, pero el proceso nuevamente se estancó; sin embargo el cabildo insistió y envió a España a Tomás de Landázuri para negociar con el monarca la aprobación del proyecto. La mayor dificultad era que no contaban con los recursos suficientes, pero en el proceso intervino el obispo fray Antonio Alcalde y Barriga, quien realizó la gestión ante Carlos IV y ofreció una parte de las rentas episcopales para financiar a la Universidad, que constituyeron una donación de 60 000 pesos, además de que exhortó al Cabildo catedralicio para que aportara los 10 000 pesos restantes.

Con los fondos suficientes, el monarca se convenció de que el proyecto llegaría a buen fin y en marzo de 1791 promulgó una Cédula Real para fundar la ""Real y Literaria Universidad de Guadalajara"", que nació como una institución de Estado. Aunque en vísperas de la inauguración falleció el obispo Alcalde, los trabajos continuaron y finalmente el 3 de noviembre de 1792 se celebró una ceremonia por la apertura de las cátedras. Así, se oficializó la existencia de la nueva institución mediante el juramento de los funcionarios universitarios, una misa oficiada en el templo de Santo Tomás por el Dean de la catedral, Salvador Antonio Roca y Guzmán y la lectura a la Cédula Real de Fundación en la cual el monarca había ordenado que:

""se erija y establezca una Universidad en esa ciudad (Guadalajara de la Nueva Galicia), y que se la aplique solamente el edificio del Colegio de Santo Tomás, que fue de los regulares expulsos, y los capitales de sus obras pías claras y positivas, con la precisa obligación de cumplirlas, costeando la mutación del edificio que fuese necesaria, de los propios de esa ciudad... Yo, el Rey"".

En la solemne inauguración tomaron parte las autoridades de Nueva Galicia agrupadas en la Real Audiencia y el Cabildo, cuya autoridad estaba en el intendente de Guadalajara, D. Jacobo Ugarte y Loyola, quien ocupó el lugar principal bajo el retrato de los monarcas españoles. La ""Gazeta de México"" narró el acontecimiento de la siguiente forma:
""…con esta ceremonia llegaron al bufete, en el que presente la imagen de Cristo Crucificado y el Libro de los Santos Evangelios, se tomó a dichos señores juramento, que hicieron de fidelidad al Rey y cumplimiento de sus importantes obligaciones, lo cual ejecutado y retirados dichos Señores a los asientos que les tocaban en el Claustro, el Escribano de Gobierno dio al de la Universidad, para que la leyese, la siguiente lista de Catedráticos"".

Las cátedras que se instituyeron fueron la Prima de Teología, Lugares Teológicos, Sagrados Cánones, Leyes, Medicina y Cirugía. A partir de ese momento entró en funciones la Universidad de Guadalajara, una de las Universidades de mayor tradición en nuestro país.